El gran logro del filme reside en la forma en que Siple retrata a sus protagonistas, dejando de lado la imagen lastimosa del pordiosero que vive en la miseria de las calles y dándonos a conocer a las personas detrás del estereotipo.
Por Sebastián Zumelzu
Después de sufrir un accidente automovilístico el canadiense Murray Siple, quien se dedicaba a practicar el snowboard y filmar las acrobacias de sus amigos, se vio obligado a dejar las montañas y comenzar una nueva vida postrado en una silla de ruedas. Asentado en Vancouver, Siple descubre a un grupo de vagabundos que pululan por los barrios de la ciudad, practicando un particular deporte, que consiste en lanzarse por las calles montados en carros de supermercado. Siple vuelve a tomar su cámara decidido a encontrar en estos vagabundos, la sensación de libertad con la que gozaba antes de quedar invalido.
Así comienza “Carts Of Darkness” (Murray Siple, 2008), documental que nos muestra la realidad de un grupo de homeless de Vancouver, seres que por voluntad propia o por circunstancias de la vida, se vieron marginados de la sociedad y se han establecido al margen de ésta. Unos escapando de un sistema basado en el consumo y la superficialidad, otros rechazados por sus familias y condenados a vivir en la calle.
Durante una hora de metraje, Siple se hace parte del diario vivir de estos personajes. Carente de cualquier tipo de prejuicio, logra convertirse en uno más del grupo, un marginado capaz de ver la vida alejado de las convenciones y reglas que supone la sociedad moderna. El gran logro del filme reside en la forma en que Siple retrata a sus protagonistas, dejando de lado la imagen lastimosa del pordiosero que vive en la miseria de las calles y dándonos a conocer a las personas detrás del estereotipo.
Si bien, el documental indaga en la vida de un grupo, son dos los protagonistas de éste. El primero, es un hombre joven que vive del reciclaje, recolectando vidrio y plástico, obtiene lo suficiente para salvar el día. El resto de su tiempo lo pasa montado en un carro de supermercado deslizándose por las calles a altas velocidades. Es un hombre que disfruta la vida, sin mayores pretensiones. Por otra parte y creando un marcado contraste, el director sigue a un anciano alcohólico que vive debajo de un puente en los suburbios de Vancouver, una persona consumida por el vicio, con la eterna esperanza de redimirse y salir adelante.
Siple crea un vínculo de amistad con ellos, sobre todo con el segundo, a quien trata de sacar de su agujero sin mayores resultados. Finalmente sólo le queda entender la naturaleza de estos personajes, cuyos destinos ya han sido sellados por ellos mismos.
“Carts Of Darkness” merece ser visionado sobre todo por su retrato humano y cercano a un grupo de personas con las que convivimos a diario, pero pocas veces tomamos en cuenta. Esta vez sin música lacrimógena ni una mirada condescendiente, sino que de igual a igual descubriendo a un grupo de personas que decidieron “desviarse del camino”, para encontrar la libertad corriendo a toda velocidad por las empinadas calles de Vancouver.


