En una tarde de excepcional calor santiaguino, conversamos con la poeta Marcela Saldaño. Quien, junto con informarnos su último libro, Un Ojo llamado Cacería, nos habló de poesía, sociedad y de su prosa rabiosa; una bomba lanzada desde el cielo, directo al rostro perplejo. Marcela es periodista, gestora cultural y se ha transformado en un referente de esta talentosa y delirante camada de poetas nacionales.
Por Jorge Lizárraga J. Fotografía Jo Muñoz.
¿Cómo llegaste a la Poesía?
Tenía diecisiete o dieciocho, estaba trabajando y estudiando, por lo que no tenía mucho tiempo. En ese momento me decía: “Pucha, igual le falta algo a mi vida. ¿Qué me queda ahora? Entrar a la Universidad, conseguirme un novio y casarme”. Entonces pensé: “No pues, la vida no puede ser así”. Resulta que un día teníamos atrasada la cuenta del agua y mi mamá me dice que por qué no iba a EMOS a pagar la cuenta del agua. Y el lugar quedaba frente al Centro Cultural Estación Mapocho, frente a Balmaceda 1215. Justo afuera había un letrero de talleres para jóvenes. Me acuerdo que andaba sin nada de plata y costaba $700 pesos la inscripción para el curso semestral. Vi mil cursos, todo lo que yo podía querer y ahí me acordé que estaba trabajando, entonces pensé: “tomaré solo los que coincidan con mi horario” y habían dos: danza hindú y poesía. Me decidí por poesía, pero para entrar había que dar una audición. En el colegio justo había escrito un libro que hablaba de la vida y cosas así. Le puse un par cosas con rimas, pensando en el amor y lo anillé e hice un libro para la audición. Entonces llegué y Lila Calderón estaba a cargo. Entré y di la prueba, y mucha gente no quedó, y eso me sorprendió. Lila me dijo después que vio en mí “el talento”. Y ahí también conocí a un buen amigo, Ignacio Briones, él era como poeta maldito, andaba con una chaqueta larga y me pasó el primer libro de poesía que tuve en mis manos de un poeta francés llamado Aimé Cesaire. Lo leí y quedé enloquecida, desde ese momento empecé a leer a todos los franceses, los clásicos, y nunca más paré de leer y de escribir y eso ya hace doce años.
¿Cuáles serían tus mentores? ¿Puedes nombrar tres?
Son más de tres, pero haré un esfuerzo: Rosamel del Valle, Humberto Díaz – Casanueva, Aimé Cesaire, Carlos de Rokha, y si se me permite Fernando Pessoa con sus heterónimos que son tres.
¿Te ha costado sacarlos de tu poesía?
Puede ser, en algún momento. Más bien hablo con ellos, porque ya encontré mi voz propia. Yo ya sé lo que quiero, sé para dónde voy, ya no me acuerdo cómo querer deshacerse de esas raíces pero al final me di cuenta que no es deshacerse, sino comunicarse con ellas. Una conversación sana. Al final es de donde tú vienes. Lo que más me cuesta es deshacerme de los libros que escribo y seguir escribiendo para el libro que ya escribí, escribir otra cosa, ese es un proceso en donde uno escribe un poema y termina un libro, luego escribe otro poema y uno dice pero este poema pertenece a ese otro libro, y ya lo terminé, entonces sucede que uno se pasa a otros proyectos, y comienza una nueva poética y a escribir otro libro…
¿Cómo te das cuenta que el libro ya se terminó? ¿Cómo sabes que es el último poema?
Mi proceso creativo actual es integral, en donde siento físicamente, fisiológicamente que hay algo que debe salir. Siempre estoy escribiendo poemas sueltos por aquí por allá, o a veces yo sé que hay poemas que van en ciertos libros; casi siempre trabajo como tres libros de corrido, pero hay ocasiones que sale un libro completo, entonces puedo estar escribiendo un mes, dos meses. Y eso ya tiene que ver más con técnica, entonces sé que se ha escrito demasiado de uno. Y hasta ahí quedó, aunque siga escribiendo más. Luego armo el conjunto, porque si no podría estar toda una vida así como los Cantares, a mí me interesan los conceptos más pequeñitos, las bolas semánticas.
¿Cómo es tu relación con la sociedad en tu poética?
Dado mi escuela, que es una escuela Surrealista, Hermética, sobre todo Humberto Díaz Casanueva y Rosamel del Valle que escriben casi en código, y mis inicios fueron así, también un inicio hermético. Creo que el poeta tiene una labor social, primero somos actores sociales y tenemos oportunidades como en donde podemos expresarnos, dar nuestra opinión y ser escuchados. No tan grande como Luli que quizá tiene más pantalla que uno, pero también uno tiene un pequeño nicho en donde puede decir algo. Para mí el arte es colaborar, colaborar con la memoria. Para que podamos aunar ese canto y que la gente entienda y recuerde, es muy importante. De ahí mi cruce con la memoria, que sería con esa historia, con la acción social.
¿Cómo se mantiene lo visceral, tan propio del adolescente, en una poesía madura?
Esa es pasión y oficio. O sea, no debe ir restando sino más bien, sumando. Entonces, ¿qué me pasaba antes, cuando recién empecé a escribir? Está claro que existe la inspiración y es maravillosa y uno puede estar escribiendo una noche y toda una semana, y escribir que la vida es dolorosa y buena; luego querer salir y tomar, llegar a tu casa y escribir. Puedes escribir en las paredes y en donde sea y son estupendos esos estados, pero te das cuenta -con la vida- que esos estados de inspiración no son permanentes. ¿Cuántas veces al año llegan? Una, dos, cuatro veces con suerte. En cambio, cuando uno tiene oficio puede llegar a ese estado de visceralidad sin tener que esperar que canten los dioses, llueva vino, o cualquier estado de gracia.
¿Qué papel cumple hoy la poesía?
Creo mucho en lo que hablaban Díaz Casanueva y Rosamel del Valle. Ellos hablaban de una violencia creadora, a mí eso es lo que más me interesa, un intento de violentar a los demás pero con la creación creo que el papel principal de la poesía es la memoria. O sea, debemos despertar al pueblo, pero no hablar de ese pueblo idílico que habla la gente, porque claro, esa masa de la que hablamos no lee, no quiere leer y no le interesa leer. Entonces te das cuenta que hay una fracción importante de gente que no le interesa, pero con el movimiento que tenemos de descentralización vamos a una población equis, leemos en una plaza y alguna gente escucha y de 100 que escuchen cinco, yo sé que ya son 50, porque van a empezar “oye, escuché esto en la plaza”. Por ejemplo, en los sectores populares los chicos que hacen hip-hop tienen un talento increíble, pero están metidos en las drogas duras, como la pasta base, que son súper letales para los chicos, es complicado. Es más fácil quizá estar todo el día haciendo nada o esperar que alguien te mantenga o ir a tomar por tomar. Pese a todo, siempre hay un espacio para la poesía. A veces los grandes proyectos, las grandes ideas salen ahí. De la experiencia en un bar, en donde uno conversa y de verdad que se renueva el mundo, y al otro día te despiertas con algo que te moviliza para hacer otras cosas. Pero si sales a tomar y llegas a tu casa, te gastaste toda tu plata, le pegas a tu señora, o ella deja que le peguen, y tienen más hijos, guaguas que a ninguna cuidan, al final es un círculo vicioso que no tiene que ver con nada. Entonces nosotros llegamos a esos lugares y damos unas pequeñas muestras. Por ejemplo, la otra vez conocí una señora que vendía drogas y tenía como ocho o diez años de cárcel, yo encuentro que es excesivo. Mientras, la familia Pinochet sigue nadando en billetes y no están en las cárceles comiendo mierda.
Sobre Un Ojo llamado Cacería… ¿Cuánto tiempo te tomó escribirlo?
Calculo que lo escribí en dos meses. El corpus digamos y después vinieron algunos ajustes, armar el libro, mirarlo con más calma desde afuera y darle un corpus general. De hecho, lo terminé de escribir y me salió la propuesta de Piedra de Sol. Además, me había ganado el premio Eduardo Anguita con ese libro y ahí decidí publicarlo pero fue como milagroso, lo que pasa es que tengo un libro anterior, un primer libro que nunca salió, que iba a sacarlo Calabaza del Diablo. Para eso creo que esperé como cuatro años y cuando vi que hasta la Yayita publicó y yo nada, dije “no, esto ya es demasiado” y justo cuando iba a publicar Un Ojo llamado Cacería, Montecinos me llama y me dice que van a publicar mi primer libro – igual yo tenía una crisis con el libro – y que saliera el otro al tiro fue demasiado. Además que lo había escrito ya hace ocho u nueve años, tenía conflictos con él. De todas maneras todos los libros están ligados, son como los pequeños ladrillos o una escalera, mi primer libro me hace saltar al otro y al otro. Un Ojo llamado Cacería es como mi libro regalón, el que siempre quise escribir, es como “yo quiero escribir un libro y es ese”. Y ahora tengo como cuatro o cinco libros más y estoy ajustándolos porque quiero que el que venga sea mejor que Un Ojo llamado Cacería. Es un libro en donde no tuve que gastar papel, lápiz, ni nada para ver donde iba, simplemente me dejé llevar por mi intuición y empecé a escribir y me di cuenta que eso era un libro que estaba saliendo.
¿Qué es poesía?
Aunque es una pregunta re difícil y no sé si algún día tenga la respuesta por más que escriba, siento que la poesía lo que a mí me permite es hablar del presente y de ahí rescato la memoria. Cuando yo hablo, estoy hablando del aquí, del ahora, con toda la experiencia que se arrastra, con todos los proyectos que hay. Además creo que es el primer discurso, el más importante del ser humano, más allá de la Filosofía, más allá que cualquier otra cosa. La poesía está ahí, flotando como los signos, como las cartas del Tarot que te muestran un mundo al tirarlas y ahí está la poesía también. Entonces la poesía para mí es como el soplo, es el sonido vital, es el movilizador. Ahí está la poesía, gritándote, gritándote en chino a veces, pero te grita igual.
¿Qué te parecen los nuevos soportes que están saliendo para la lectura y el uso de Internet como herramienta para publicar?
Me gustan los nuevos soportes y todo lo que está saliendo, pero yo quiero que mi poesía la lea una señora de una población, me gustaría que mi libro lo piratearan, me gustaría hacer copias y fotocopias y repartirlas, entonces no sé si una persona de una población tenga acceso a un “tablet”. Para mí los libros son como pequeños inmigrantes, pasan de tu casa a mi casa, se les caen las páginas y uno los pega, los arregla como puede y se movilizan. Entonces es diferente, a mí me gusta el libro, y por lo mismo, no he hecho ni un libro virtual. De todos mis libros nuevos, ninguno está en la red, quizá un poema por ahí, pero nada más. El Blog nació porque quería colgar mis poemas y en la bandeja empecé a escribir Un Ojo llamado Cacería. Y así están y así se quedan, de hecho yo no corrijo mi poesía, ni una corrección porque escribo con el oído, ya lo tengo adentro y está todo listo.


