Pretender que los cambios que el modelo educacional chileno requiere, y que son exigidos por una amplia mayoría de chilenos, sean financiados con la venta de activos es pan para hoy y hambre para mañana.
Por Desinformador
El Gobierno no sólo tiene los brazos cortos, sino que también las sábanas. O por lo menos, está cayendo en la antigua tentación de destapar un santo para cubrir otro.
La propuesta del ministro Secretario General de la Presidencia, Cristián Larroulet, de vender los activos que quedan de Estado en empresas sanitarias representa un mal esfuerzo por intentar destrabar el conflicto estudiantil.
Los grupos neoliberales que cohabitan La Moneda siempre han buscado desmantelar al Estado, reducir su tamaño a la más mínima expresión, forma que a su juicio, sería la única que lo llevaría a la eficiencia.
Durante 17 años el país fue testigo de cómo el aparato público fue vendido a precios por debajo de su verdadero valor, empresas que con los años le han reportado suculentas ganancias a sus informados compradores, como el yerno de Augusto Pinochet, Julio Ponce Lerou, actualmente uno de los chilenos más ricos, y que se hizo del control de SQM por dos completos italianos y un fanschop . ¿Así quién, no?
Después, el tecnócrata hijo de la gran nariz, Eduardito junior en compañía de su secuaz Eduardo Aninat, se encargó de completar la tarea y vendió lo poco que quedaba.
Pero algo por ahí quedó. Escondido dentro de los recónditos laberintos del aparato público. No obstante, los mismos que hoy detentan el poder, los arquitectos del modelo económico siempre supieron que estaban allí esos activos, y ahora, en la coyuntura, con la soga al cuello, pretenden convencer al país que vendiendo lo que continuaba en poder del Estado de las Sanitarias se financiará la educación. ¿Gran negocio?
El agua en el futuro será el gran negocio, y quien sea su dueño (o de su explotación) tendrá petróleo bebible entre los dedos. Y eso lo saben los mente-sucias en La Moneda. ¿A quiénes les venderán? ¿De verdad será un gran negocio para el país?
Sin embargo, el problema no pasa sólo por eso. Pretender que los cambios que el modelo educacional chileno requiere, y que son exigidos por una amplia mayoría de chilenos, sean financiados con la venta de activos es pan para hoy y hambre para mañana.
¿Qué venderemos cuando se acaben los dineros de la venta de las sanitarias? ¿Qué sigue? ¿Codelco? ¿ENAP? ¿Todo Chile?
Con la idea de cerrar un flanco de conflicto, el Gobierno se está abriendo otro más difícil: las críticas ante la ola privatizadora. Eso es apagar el fuego con bencina.
Una clara muestra de la poco pericia política de muchos en La Moneda, pero también refleja que la guadaña neoliberal está ahí, agazapada, oculta en las sombras, afilada, esperando la oportunidad para depredar lo que queda en manos del Estado.
Claro que el Gobierno tiene los brazos cortos. Y las sábanas cortas también. Pero el diente depredador lo tiene largo.


