Resulta extraño observar una tajante –y quizás legitima- sanción a la violencia cuando ésta es exacerbada en nuestra historia, celebrando “las glorias del ejército”, festejando el asesinato de soldados enemigos y poseyendo un escudo patrio que postula como lema “la razón o la fuerza”. Al respecto cabe preguntarse ¿Hasta qué punto la violencia puede ser criticada si culturalmente es enaltecida?
Por Francesco Penaglia
En el último tiempo uno de los temas con mayor cobertura –además del trágico accidente aéreo- ha sido la violencia en las marchas. En esta línea se han hecho varias “investigaciones” en programas como Informe Espacial, En la Mira y Contacto; además de ser el titular principal de los noticieros y poseer diversas portadas y crónicas en periódicos. Sin embargo la mayor parte de las veces en que se aborda la violencia, se omiten cosas esenciales sobre las que vale la pena reflexionar.
Aquí no se pretende hacer una defensa de la violencia puesto que, por sentido común, empatía, moral o por un comportamiento “políticamente correcto”, es preciso sancionar, criticar y reprochar los actos de violencia que se efectúan en las manifestaciones.
Hecho el punto resulta un tanto simple sancionar la violencia, cual fuera el peor crimen, cuando un joven menor de edad de una población marginal y en riesgo social extremo quema un auto, más aun cuando quienes lo juzgan, sancionan y critican, en muchas ocasiones son personas que estuvieron vinculadas a un régimen que violó los derechos humanos, o pertenecen al mismo sector de los directores de las empresas que cobran créditos usureros; de las Isapres que pese a mantener utilidades exorbitantes incrementan el precio de sus planes; de los dueños de universidades que lucran vulnerando la ley, y de AFPs que especulan en los mercados internacionales con las cotizaciones –obligatorias- de la gran mayoría de los trabajadores.
Pese a ello, como señalamos este artículo no busca hacer defensa de la violencia, ni menos utilizar el pésimo argumento de “empatar” dos actos “indebidos “. Critico la violencia sobre todo cuando afecta a ciudadanos comunes, sin embargo es importante reflexionar sobre algunos puntos paradojales.
En primer lugar resulta extraño observar una tajante –y quizás legítima- sanción a la violencia cuando ésta es exacerbada en nuestra historia, celebrando “las glorias del ejército”, festejando el asesinato de soldados enemigos y poseyendo un escudo patrio que postula como lema “la razón o la fuerza”. Al respecto cabe preguntarse ¿Hasta qué punto la violencia puede ser criticada si culturalmente es enaltecida?
Por otra parte, más curioso resultan las críticas morales sobre la violencia, cuando el libro rector de los valores de occidente (Biblia) posee variados hitos que justifican su uso. A su vez estas alusiones fueron utilizadas por la Iglesia en distintos periodos de la historia, tanto en la inquisición y el periodo oscuro de la Edad Media, como en la teoría de la liberación con sacerdotes revolucionarios como Camilo Torres
Otra crítica frecuentemente utilizada es sostener que la violencia no es la forma de solucionar los conflictos en un régimen democrático; curioso argumento pensando que los regímenes democrático-liberal se instauraron a partir de la sangrienta Revolución Francesa. Además, la mayoría de las reformas y cambios que ha generado el sistema político, han sido justamente a través de violentas movilizaciones, huelgas y protestas que en determinados momentos tensionaron al sistema hasta conseguir la victoria o derrota de los movimientos sociales (leer el artículo “Movimientos Sociales: ¿Victorias o derrotas?”)
Evidentemente se pueden tener variadas respuestas y contra argumentos al respecto. Se podría por ejemplo sostener que la violencia bajo ciertas razones, causas, contextos y circunstancias -como la autodefensa, la protección de la patria, la verdad de Dios o algún “objetivo mayor”- se justifica. Esto además de potenciar aún más la frase del viejo y ninguneado Maquiavelo -“el fin justifica los medios”-, abre nuevas interrogantes. Al respecto cabría preguntarse cuáles son las reivindicaciones y temas que sí justifican la violencia; o determinar en qué momento y contexto debe emplearse, identificando de este modo los objetivos estratégicos y tiempos de uso.
Sin embargo ninguna de estas interrogantes han sido abordas realmente en las “investigaciones” realizadas por la prensa, remitiéndose a mostrar sin reflexionar y sin siquiera identificar que existen distintos tipos de violencia. Y no nos referimos precisamente a las violencias que ejerce el sistema económico y político. Es importante por lo tanto plantear estas interrogantes y generar una discusión que permita tener una posición clara, definida y por sobre todo consecuente sobre la violencia y sus usos.



