La serie adoleció en su primer capítulo de antagonismo, del conflicto suficiente para crear ritmo e interés hipnótico. Sin embargo, hay que destacar la calidad de la producción, la impecable apuesta estética de la serie y, lo más importante de todo, la capacidad de haber traído a Chile a un gigante como HBO.
Por Diego Niño Ramírez
No soy fan de las series de HBO. Después de ver Oz (la primera producida por ellos y que trataba de la vida en una cárcel experimental) ninguna me ha entusiasmado. A pesar de mi devoción por la mafia, Los Soprano me pareció lenta y recién subía su nivel al final de la primera temporada. True Blood me atrapó hasta el capítulo 4 de la primera temporada, pero después pasó de los vampiros a ser de todo lo sobrenaturalmente posible y pensé que me cambiaban las reglas del juego. Cuando vi Mad Men sentí que pasaba algo, pero era tan sutil que no era capaz de entenderlo. Creo que el motivo es que HBO, como reza como su slogan, no es televisión, ya que al ser una cadena de cable con un público cautivo a nivel mundial, puede darse el lujo de tener un ritmo que las series de cadenas abiertas nunca podrían arriesgarse a tener. Yo, lamentablemente, soy hijo de MTV y necesito velocidad.
Dicho esto, pasemos a Prófugos, primera serie producida por HBO en Chile y estrenada recientemente. La serie cuenta la historia de cuatro hombres (Pancho Reyes, Benjamín Vicuña, Néstor Cantillana y Luis Gnecco) involucrados en un fallido negocio de narcotráfico que los vuelve prófugos. La partida, una persecución automovilística por Valparaíso entre la PDI y la cuaterna protagónica con uno de ellos herido, funciona bien y engancha, salvo por la post producción de audio que le quita verosimilitud a la visualmente bien realizada secuencia. El único punto negro es que la escena se asemeja demasiado al inicio de “Perros de la Calle” de Quentin Tarantino (la que a su vez es una copia de “City on Fire” de Ringo Lam) y eso da una pista sobre algo muy importante en el capítulo y que ningún espectador debiese notar.
Entiendo que quizás fuimos pocos los que nos dimos cuenta de la similitud y con ello nos echamos a perder la sorpresa, pero es algo que no debiera ocurrir si la serie está hecha para un público que ve más que cable y es audiovisualmente más culto. La secuencia finaliza con un: 72 horas después, lo que detonó mi alarma de guionista, ya que recordé el primer capítulo de “Breaking Bad” donde ocurría lo mismo y temí que fuese por el mismo motivo: la serie se tomaba su tiempo en alcanzar un ritmo más vertiginoso y había que prometerle a la audiencia que ese momento llegaría. Lamentablemente Prófugos adoleció en su primer capítulo de antagonismo, del conflicto suficiente para crear ritmo e interés hipnótico.
Básicamente el capítulo se trató de los cuatro personajes consiguiendo cocaína líquída en Bolivia, embotellándola como vino y pasando la frontera para entregarla. Los únicos detalles que le dieron tensión a la historia antes del final fueron un encuentro con policías bolivianos, una discusión entre ellos porque sólo uno tenía las verdaderas órdenes de la jefa (Claudia Di Girólamo), y la sorpresa de las que les hablé antes, que no generó nada en los personajes, si no suspenso en el espectador por saber qué ocurriría finalmente. En ese sentido me parece que el primer capítulo fue más bien un primer acto extendido que terminó con el detonante que iniciaría la historia, pero no contuvo una historia con conflicto en sí mismo (en “Breaking Bad” hacían ambas cosas y funcionaba perfecto)
Otro punto a considerar es el contraste entre personajes. A pesar de que en la presentación inicial y en sus looks se aprecian diferencias, ellas no se activan de forma poderosa como para crear conflicto, requisito imprescindible si es que en el primer capítulo no existe un conflicto externo con antagonismo. Todos parecen ser demasiado parecidos. Quizás es una decisión consciente y que se fundamente en que los chilenos tenemos esa cosa gris, ese miedo a ser distintos. Si es así, al menos tenía una intención, pero aun así creo toda serie necesita de eso (¿Cuántas escenas memorables y con conflicto nos hubiésemos perdido en House MD si House y Wilson no estuviesen absolutamente contrastados?)
A pesar de todo, hay que destacar la calidad de la producción, la impecable apuesta estética de la serie y, lo más importante de todo, la capacidad de haber traído a Chile a un gigante como HBO y de mostrar nuestro país al mundo como un lugar donde HBO tiene una CH al principio.


