Gracias Presidente Piñera

Gracias por las mentiras, gracias por los incesantes conflictos de interés, gracias por la demora en la reconstrucción, gracias por la inercia, por la cobardía llena de tics, por el alma asquerosamente empresarial. Gracias, Presidente, por destruir Chile, porque con esta generación hemos aprendido de golpe a reconstruirlo de verdad. La ciudadanía en tu fundo cambió.

Por Nibaldo Acero.

Foto: Nelson Keru

Foto: Nelson Keru

“Nací en dictadura”. Eso he de argumentar a mis nietos si notan alguna vez en mí, ya viejo, un poco de temor a la vida, otro tanto de pavor a la realidad. Nací en dictadura, que es como decir nací eunuco o fui hijo de esclavos, finalmente será una buena excusa. Nací en dictadura, pertenezco a una generación castigada, desnaturalizada por los medios, educada para callar. Mi infancia fue en los ochenta, un decenio para nada místico ni musical, como lo intenta demostrar la serie del 13. Nací en dictadura, tengo esa lepra del miedo pegada al espinazo, la rebeldía fue circuncidada apenas nacida.

Fue mi adolescencia la de muchos otros, quienes recién salidos de la pubertad nos encontramos con algo llamado democracia. Fue un encuentro extraño, de costado, nunca sentimos a principios de los noventa que la libertad nos mirara a los ojos. Apenas fueron roces con esta nueva cultura republicana: Aylwin aterrorizado con los militares, la derecha que se adueñaba de las cámaras, la educación municipalizada, el miedo de un nuevo golpe de estado, la máquina democratacristiana, etc.

Era una democracia con olor a meados. En ese escenario la moneda común fueron los consensos, que no funcionaban al compás de los acuerdos de caballeros; era una sodomía legalizada entre una izquierda que se veía con un poder antes impensado y una derecha demoníacamente vivaracha. Nacimos en tiempos de dictadura, pero nos hicimos mujeres y hombres en democracia. Fuimos criados por discursos inconsecuentes, por políticos financiados por holdings extranjeros que ufanaban la imagen de Allende. La revolución chilena intentada por el Chicho daba paso al whisky y los palacetes de La Reina. Gobernaron solos, nadie interrumpió su letargo. Como generación casi fuimos un completo fracaso.

Toma UCV
Toma UCV

Pero el tiempo pasa y a fines de los ochenta y a principios de los noventa, una nueva generación se instala en la genealogía chilena. Nacidos ya en democracia esta generación ha liquidado gran parte de los fantasmas heredados por Pinochet, los “Chicago boys” e incluso los fantasmas de la transición. Por no estar completamente conscientes de los espasmos de Aylwin, ni la deshumanización de Frei, ni la desidia de Lagos-Bachelet, han crecido sin complejos, rigurosamente más libres y se han ilustrado, pudiendo tener esa distancia necesaria con la historia para comprenderla plenamente.

Admiro a esta generación que arma un carnaval de la nada, que realiza una maratón en torno a sus sueños, que se expande cual big bang por las redes sociales, que se besuquea y monta un thriller, que educa a los ciudadanos, que nos educa a todos nosotros en los territorios del pensamiento, de la libertad de pensamiento, que nos enseña lo que es, en parte, la verdadera democracia.

Sin duda, la revolución que vive Chile pasa fundamentalmente por un asunto generacional. Gran parte de mis coetarios (amigos, compañeros de estudio, familiares, conocidos) temen todavía muchísimo a las autoridades, al gobierno, a los pacos… a cualquier papanata que ostente un mínimo de poder. Felicito por ello a esta generación por su espíritu, ya que la nuestra, salvo gloriosas y no pocas excepciones, vale callampa.

El fin de los zombies

The Wall (Foto: Diego Reyes)
The Wall (Foto: Diego Reyes)

He tenido la suerte de conocer de cerca las tomas y paros que se han fraguado en este proceso democratizador en Valparaíso y doy fe de un funcionamiento más organizado, más humano y más creativo que en otras experiencias.

También he tenido la fortuna de participar en Valparaíso de las movilizaciones que pasarán probablemente a la historia por ser las más imaginativas en sus cánticos y puestas en escena. Recuerdo, entre muchos otros, el guanaco y el posterior zorrillo construidos por estudiantes de la UCV; el suicidio masivo; los zombies por la educación; y el emocionante The Wall, una funa maravillosa a todos quienes han usufructuado descaradamente de los recursos de la educación, representados en el ícono del lucro, en el signo de toda la mierda privatizadora: Joaquín Lavín.

Hace muy poco, fuera de la UPLA, presencié las palabras de Marcel Claude, quien despellejaba la consciencia de todos quienes sentados en plena calle escuchábamos las cantidades de millones de dólares que las mineras arrancan literalmente de este país pagando un mínimo de impuestos: 17 mil millones de dólares el último año. Tales datos duros, fueron aún más duros calibrando, proyectando el increíble país que seríamos si se inyectaran todos esos recursos en la educación, en salud, en empleo. Fue una sensación extraña con la que salimos de la charla: la sensación de sentirse estafados, sobre todo por la Concertación.

Cómo no entender, cómo no revolucionarse, cómo no empoderarse de las calles, cómo no abandonar de una vez el personaje de zombie e indignarse profunda e iracundamente contra toda autoridad. ¡Cómo no Pensar!

Chile era hasta hace un mes un caballo muerto. De un momento a otro el caballo se levantó y ha cabalgado desbocadamente, sin perder el horizonte ni el camino, camino que está mucho más lejos del límite impuesto por la Alianza y la Concertación. “Se han pasado de la raya” se conduele el ministro de Educación ante los medios, pues es cierto: esta generación ha instaurado nuevas metas, ha reparado la máquina de sueños que ya estaba averiada y oxidada en la intemperie de la falta de voluntad política.

Vivimos un tiempo similar al de la revolución de Allende a principios de los 70 o del derrocamiento de Pinochet a fines de los ochenta. Al parecer cada 20 años este caballo se levanta y cabalga con furia para hacerle frente a aquellos poderes más sagrados y odiosos y buscar nuevas metas fuera de las fronteras lo posible. Hoy el fin es un cambio constitucional, una legislación impositiva menos condescendiente con los empresarios, la renacionalización del cobre. En fin, la búsqueda de senderos viables (y no utópicos) para financiar un sistema educacional social gratuito y de calidad.

Las gracias

Suicidio masivo por la educación (Foto: Tomás Vasconcelo)
Suicidio masivo por la educación (Foto: Tomás Vasconcelo)

Doy gracias a esta generación, que con valentía y sabiduría, ha erizado las mechas de los Larraín, los Matte, los Lavín. Pero por sobre todos, le doy infinitas gracias a nuestro presidente Sebastián Piñera y a sus ministros.

Gracias Presidente, gracias ministros, por ayudar a conmover a todo un pueblo que se ha levantado en voz y se ha empoderado en las calles ante su actuar corrupto. Gracias por su gobierno disléxico y delictivo, gracias por su falta de espíritu y de conciencia social. Esas características inherentes a vuestras personas han permitido levantar nuevamente a este caballo dormido que es Chile, a los Lautaro que día a día tomaban tranquilos el té y entraban a las ocho al colegio subvencionado o municipal.

Gracias Sebastián Piñera por monitorearnos, por ejercer represión, porque ésa es la vía más segura y directa para que los chilenos escojamos la lucha. Gracias por los desalojos violentos, por los fellatios de la prensa escrita a tu gobierno. Gracias por las mentiras de la excelencia, gracias por los incesantes conflictos de intereses, gracias por tu demora en la reconstrucción, gracias por tu inercia, por tu alma asquerosamente empresarial.

Gracias Presidente por ser como es: un prohombre lleno de tics que intenta seguir saqueando Chile, porque así, de rebote, perfeccionarás este país, que librará batallas campales contra los grupos de poder, contra la ignorancia articulada en las oficinas de la UDI y de RN, que peleará con fuerza contra lo peor de lo nuestro: ustedes.

Gracias Presidente por destruir Chile, porque con esta generación hemos aprendido de golpe a reconstruirlo de verdad. La ciudadanía en tu fundo cambió y no tolerará más que el patrón viole sus derechos. Gracias, finalmente, porque hemos aprendido a reconocer la verdadera riqueza de Chile, la que nada tiene que ver con el dinero.