Sentada, con las piernas siempre en movimiento que no alcanzan el suelo, busca, entre rostros apenas iluminados, el de su madre. Tiene los ojos llorosos y la piel roja de frío. Seguramente lleva largo rato allí. El Banco Chile que la flanquea se impone como imagen de una sociedad que la olvidó. Como a su mamá, que para conseguir dinero, sale a trabajar recién a las diez de la noche, y deja a su hija al resguardo del Paseo Ahumada.
Por Desinformador
Luisa no tiene muchas opciones. Hace cuatro años quedó embarazada. El padre de su pequeña hija María desconoce su paternidad, pero no el empleo de Luisa. Con veinte años, esta joven ya cuenta con seis de experiencia en el comercio sexual. Ha recorrido Santiago gracias a su ocupación. Sin embargo, se estableció en el Paseo Ahumada hace un año porque los oficinistas y empleados son su base de clientes.
Tal como el desconocido papá biológico de María, de acuerdo al Estudio de Comportamiento Sexual realizado por el Ministerio de Salud el año 2000, el 30,5% del total de los hombres declaró haber acudido al comercio sexual alguna vez en la vida.
Otro, efectuado por Denunciemos.cl, reveló que el 60% de las trabajadoras sexuales reconoce que presenta una cierta adicción al consumo de alcohol, mientras que el 40% admite ingerir drogas.
La pequeña María no sabe en qué trabaja su mamá. Tal vez, ni siquiera lo intuye. A los tres años, la vida de un niño es de juegos, pero la suya es esperar con frío.
Luisa, de tanto en tanto, le lanza una pequeña sonrisa a su hija antes de desaparecer rauda del brazo de un desconocido por conocer y perderse en las oscuras galerías del Paseo Ahumada. La experiencia le ha dado a la joven una comprensión del mercado a la altura de cualquier ministro de Hacienda. Su fórmula es básica pero efectiva: A mayor cantidad de clientes, más dinero recibe a cambio, y para atender más clientes, les debe dedicar poco tiempo. Lo suyo es un servicio “a la pasada”.
No suele concurrir a alguno de los moteles céntricos. Perdería mucho tiempo, y también potenciales transacciones. Además, ahí está María esperando…Así, sus posibilidades se reducen a atender en la penumbra de las numerosas galerías que unen las calles del cuadrante Alameda – Plaza de Armas – Ahumada – Estado. Y hacerlo rapidito. Hacerla corta. Por lo mismo, sus tarifas son accesibles a todo tipo de público.
Dentro de su arsenal de prestaciones se encuentra la francesa, que consiste en sexo oral por la que recibe a cambio cinco lucas. También está el contacto. Por 15 pesos, Luisa tendrá una relación sexual con su furtivo cliente.
Las cifras
Esta joven veinteañera se encuentra prácticamente en los últimos escalafones del comercio sexual. Según datos oficiales del Minsal, en Chile aproximadamente 16 mil mujeres ejercen la prostitución. A esto se le agrega un número importante de travestis y transgéneros que no están censados.
Estos últimos son quienes pertenecen a la capa más baja del intercambio de sexo por dinero. Son aquellos que lo realizan por los montos más bajos –al menos la mitad de la tarifa de mujeres como Luisa- y además que están expuestos a la violencia de grupos neonazis.
Casos de estas características pocas veces se hacen públicos. En la mayoría de las ocasiones, los travestis no hacen las denuncias por miedo a la propia reacción de carabineros, quienes finalmente los llevan detenidos por prostitución en la vía pública.
Sin embargo, para “Alejandra” la estadística fue menos amable. En 2007 fue asesinada por un grupo de neonazis en Puente Alto luego que le propinaran una mortal puñalada en el tórax. El joven conocido legalmente como Gabriel Albornoz Jiménez, de 27 años, sufrió la violencia de los jóvenes, luego de que éstos gritaran consignas hitlerianas, amparados en la oscuridad de la noche del barrio rojo de la comuna de la zona sur de Santiago. Hasta el momento, el caso no ha sido resuelto.
Luisa también sabe lo que es la violencia. En más de alguna ocasión ha sido golpeada por un cliente poco conforme con el servicio.
Nos cuenta que, una noche, rengueando con dificultad, con el rostro rojo como la sangre que manchó su ropa, apenas alcanzó a llegar al banco donde la espera María. La niña no supo qué pasó. Sin embargo, lloraba con su madre, que sólo le dio un abrazo apretado buscando consolarla.
Hoy ya son casi las dos de la madrugada. El gélido viento del Paseo Ahumada las ahuyenta. María. Lentamente se pone de pie, caminan hasta la esquina de Ahumada con Huérfanos. Un taxi se acerca a lo lejos. Ambas levantan la mano pidiendo su servicio. Viven a diez cuadras y les sale menos de mil pesos llegar rápido a casa, si esperan una micro podrían pasar más de media hora esperando. Abordan el auto que desaparece calle abajo. Fin de la jornada. Para mañana, la historia seguro se repite.



