A propósito de Adimark: la gran mentira de los avances del gobierno

El bajo apoyo ciudadano puede entenderse como la respuesta de un pueblo ante una campaña política que abusó de publicidad engañosa para llegar a La Moneda. La eficiencia y “los mejores” se han dedicado a impulsar tibias medidas destinadas a maquillar una sociedad basada en la desigualdad. En desigualdad probablemente no fueron los primeros, pero sí son los mejores.

Por J. Sully.

Muchas teorías han asomado para explicar los exiguos resultados que Sebastián Piñera y su gobierno obtuvieron en la última encuesta Adimark. Falta de conducción política es una de las explicaciones que la UDI ha usado para pasarle la cuenta a Rodrigo Hinzpeter.

También se ha hablado de fallas comunicacionales que impiden dar a conocer “todo lo bueno” que está haciendo el gobierno. Es en este punto donde asoma la duda: ¿Realmente se están tomando medidas para cambiarle la cara a Chile? ¿Se está cumpliendo con la promesa de hacer en corto tiempo todo lo que la “Concertación no logró en 20 años”?

Nada de eso. Este gobierno ha puesto sus fichas en cambios modestos. El salario ético familiar se transformó finalmente en una escueta asignación familiar y los cambios en educación no apuntan a recobrar una educación pública de calidad sino a seguir constatando lo obvio: que el sistema está en crisis. La salud, en tanto, va en el mismo derrotero y las familias siguen esperando horas en consultorios sobrepasados por la demanda.

Los analistas, con rostro de sorpresa, se extrañan al ver que las cifras de Adimark no reflejan los “buenos resultados económicos” del país. La verdad, no hay nada de que extrañarse: sabemos de sobra que esos maravillosos gráficos con cifras al alza no serán capaces de construir un país con garantías sociales reales y con oportunidades para todos, sin importar la cuna. Lo cierto es que sólo harán más felices a los grandes grupos económicos.

Hablar de la necesidad de un cambio de gabinete para salir de este zapato chino es no entender lo que ocurre en Chile. El bajo apoyo ciudadano puede, a mi parecer, entenderse como la respuesta de un pueblo ante una campaña presidencial que abusó de publicidad engañosa para llegar a La Moneda. La eficiencia y el gobierno de “los mejores” no están dando el ancho y se han dedicado a aplicar tibias medidas para maquillar una sociedad basada en la desigualdad.

Aunque no nos leen, acá van algunas recomendaciones para el Presidente y su gobierno:

1.)      Piense en los chilenos antes que en inversiones.

2.)      Sea ambicioso en salud y educación.  Los grandes cambios estructurales que se requieren deben ir acompañados de inéditos recursos millonarios (No use ese gastado argumento de que Chile es un país pobre. Dinero hay.)

3.)      Entienda que el apoyo del Estado debe ir no sólo al quintil más pobre, sino también a aquellas familias que viven con 300, 400, o 500 mil pesos y que están desfinanciadas por la alta carga que supone estudiar, atenderse en un hospital o transportarse. El sueldo de la clase media, hoy más que nunca, está sustentado en los créditos de toda índole y eso es peligroso.

4.)      Impulse una reforma al sistema político que termine con esta democracia secuestrada por la Alianza y la Concertación, y que favorezca el ingreso de nuevos actores. Sistema binominal, voto automático, voto de todos los chilenos en el extranjero.

5.)      Entienda que la gente desea participar de las decisiones que le atañen. ¡Democracia participativa ahora! Quienes se manifiestan lo hacen porque tienen algo importante que decir, no los tilden de “violentistas”.

6.)       El Terremoto ocurrió hace  un año y medio,  por favor no lo sigan ocupando de excusa. Ya los hemos escuchado decir muchas veces: “La tragedia más grande vivida por este país”… Fue así, pero la reconstrucción no sirve en diez años más.

7.)      Evite seguir culpando a los gobiernos anteriores de todos sus males. Ese discurso aburre y sólo demuestra incapacidad.

8.)      ¿Y si nos ponemos al nivel de los países en cuanto a carga tributaria? Para Chile es esencial una reforma tributaria que ayude a terminar con la indignante mala distribución de la riqueza.