Rosa Ramírez, la Negra Ester: Andrés Pérez entregó dignidad a la gente a través del teatro

La directora del Gran Circo Teatro aborda detalles de la fiesta que, este 11 de mayo, se llevará a cabo en la USACH para celebrar el Día Nacional de esta arte escénica. Pero, por sobre todo, recuerda la figura de Andrés Pérez, dispara contra el Consejo de la Cultura por no apoyar esta conmemoración y contra Eduardo Frei, Paulina Urrutia y el SIDARTE.

Por Carlos Martínez R. / Fotos: Natalia Bustamante

Andrés Pérez, La Compañía Gran Circo Teatro y Rosa Ramírez son una unidad indivisible. Es imposible pensar en uno sin que se venga a la cabeza conceptos como teatro popular, trabajo colectivo y cultura para todos. Es la misma sensación que se produce al recorrer la casona que alberga la compañía Gran Circo Teatro en el Barrio Universitario de República. Ahí nos recibió Rosa Ramírez, antes de iniciar el ensayo de la obra “Dime Rufo” y los preparativos del Día Nacional del Teatro.

¿Dónde radica la fuerza creativa de esta compañía?

Existen elementos dentro del teatro que privilegiamos: pensamos que debe ser popular, contener belleza y poesía en su estética. Siempre partimos de un texto que ya esté escrito o de un tema que queramos desarrollar, de personajes en situaciones determinadas. Para eso recreamos estéticamente esas palabras y alejándonos de lo cotidiano, que se alimenta de las metáforas. Trabajamos siempre pensando que todos los personajes tienen que contar su situación o contar su estado a través de las emociones. Esta forma de trabajo la fuimos aprendiendo entre nosotros, con actores y técnicos que éramos parte de montajes anteriores a La Negra, y con Andrés (Pérez) a la cabeza.

¿Cómo conciben el teatro popular?

Pensamos que el teatro lo que hace es mostrar las grandes contradicciones de los seres humanos. No opinamos respecto de los personajes, pero sí nos preguntamos qué pasa con el personaje y eso determina un estado emocional que nos lleva a actuar de tal o cual manera y es el público el que finalmente dirá si el personaje es bueno, es malo, simpático o antipático. Es responsabilidad del público concluir y opinar, nosotros debemos solamente enamorarnos de los personajes, porque esa la única manera que tenemos de no ser voluntariosos, de no manipularlo, que sea coherente.

Además recuperamos lenguajes que son nuestros y que en algún momento se traspapelan: el lenguaje del circo o de las fiestas religiosas. Todo eso responde también a una identidad como país y responde también a una identidad como géneros, femenino o masculino. Es eso lo que nosotros ponemos al servicio de los montajes, donde el texto manda, pero  donde los personajes tienen que trabajarse a partir de lo que les provoca y no de lo que se piensa. Se hace a través del lenguaje no racional.

En 2010 se renovó el elenco de la Negra Ester, ¿cómo fue el trabajo de preparación que usted realizó con la actriz Claudia Pérez, para transmitir su experiencia interpretando a la Negra Ester?

Mi tarea es ayudar y guiar a cada uno de los intérpretes que se están incorporando,  respetando el trabajo de dirección de Andrés. Encontrarnos con esa gestualidad, con ese timbre de voz, con esa reacción. Cada actor debe hacerse cargo de transmitirle al que va a continuar con ese rol, los secretos.  Ayudar al actor o la actriz a encontrarse con la verdad del personaje. Es más: cuando llegan actores y me piden algo visual, les digo que la pega no va por ahí; la pega del actor es encontrarte con el alma del personaje y eso solamente lo vas a encontrar en el espacio escénico. No lo vas a encontrar a través de una foto, de algo audiovisual. No, porque eso es el resultado y lo que yo busco es el proceso para llegar a un resultado.

¿Qué es lo que más se puede rescatar del público que ve las obras del Gran Circo Teatro?

Las obras llegan a los públicos y resuenan de determinada manera de acuerdo a la sensibilidad y a la biografía del público. Sería muy fácil decir “el público más popular es más sensible y el público más pituco no es tan sensible”, sería una caricatura. Dentro de los diversos espacios. Por ejemplo, el Teatro Oriente tiene un valor, por lo tanto se supone que la gente que llega ahí podría pertenecer a un segmento social, pero no es tan así: hay gente que hace grandes esfuerzos y compra su entrada con mucho sacrificio. Entonces tiene que ver más que nada con las sensibilidades y las capacidades de comprometerse con los espectáculos y eso es súper individual, no pasa por segmentos. Nosotros hemos estado con públicos más populares que tienen una reacción determinada y de pronto llegamos a otros segmentos que son más adinerados y te puedes encontrar también  con la grata sorpresa de que hay gente que ha sido capaz de vibrar con lo mismo que vibró un niñito de siete años o una señora de cuarenta años que viene de La Pintana. El teatro tiene que ser capaz de conmover a todas las personas. El trabajo del actor es conmover al público y no debemos hacer nosotros la diferencia, no corresponde. De lo contrario estaríamos mintiéndonos, quiere decir que cuando cobramos estamos haciéndolo ahí no más porque mal que mal va a entrar la plata y también podría llegar a pensarse que porque vamos a Pedro Aguirre Cerda y la alcaldesa es comunista y son todos revolucionarios, no, mentira. Pensamos que el público es tan inteligente que se puede dar cuenta de las cosas de otras maneras. No necesitan ver una huevá que diga “vote por Frei” o que suba la alcaldesa y doblen todos por la izquierda. Para qué si, además, era una mentira votar por Frei, era la asquerosidad más grande, ya esa es una opinión personal.

En el libro Antología: un siglo de dramaturgia chilena (1910-2010) hay una nota al pie muy importante, que señala que no quisieron ceder los derechos para publicar La Negra Ester, ¿por qué decidieron no participar de esa antología?

A ellos (los editores de la Antología) se les olvidó decir que sólo ofrecían -a cambio de los derechos de publicación de la obra- que  las platas que se reunieran pasaran al sindicato de actores o no sé qué gueá. Nosotros tenemos la fundación Andrés Pérez Araya y somos una compañía, un equipo de trabajo autogestionado. Por lo tanto, me parece que no corresponde, porque a La Negra Ester le han puesto todos los reparos, a la compañía Gran Circo Teatro no se le ha hecho fácil las cosas desde el punto de vista de los fondos concursables, de las platas, incluso nos han echado de espacios, y es una de las cosas que hacen que Andrés finalmente sucumba, es que se siente traicionado y eso le provoca mucha pena en el corazón. Por último, si la van a publicar, permítenos que nosotros decidamos para dónde van los fondos, porque a mí no me interesa apoyar una organización sindical que a mí no me representa y a la compañía tampoco.

A parte también tiene que ver con que estos huevones sacan un par de libros porque había algo que se llamaba Bicentenario y están convencidos que uno los tiene que apoyar. Pero no fomentan el diálogo. Las personas que están detrás de esta antología son señores tecnócratas que están tratando de sacar provecho.

¿Cómo ha sido el apoyo de otras instituciones ligadas al teatro?

O sea, estamos ad portas de celebrar el 11 de mayo, Día Nacional del Teatro, que no fue apoyado por el Consejo de la Cultura. El Día Nacional del Teatro surge porque en el Congreso se manda un Decreto Ley que finalmente acepta Bachelet, porque son los congresistas los que lo hacen, porque acá con la (ex ministra de Cultura) Paulina Urrutia nunca logramos acuerdo.

Lo que pasa es que nos acostumbramos a que la memoria y la historia sirven poco y nada. Nosotros, cuando empezamos con el Día Nacional del Teatro, fue una manera de hacerle cariño a Andrés donde estuviese, decirle “tú eres importante y para tu pueblo también”. Mientras lo hicimos de manera autónoma, marginal, contamos con el apoyo de muchos artistas independientes, al igual que hoy día. Siempre hemos pensado que para nosotros es importante y, por lo tanto, lo vamos a hacer siempre. En este caso concreto, hoy día nosotros no tenemos ningún vínculo con SIDARTE, es más, le mandamos una invitación y dicen “oye, qué onda si ustedes siempre se descuelgan”, pero no es verdad. Lo que pasa es que no les vamos a aceptar un montón de huevadas,  no vamos a trabajar por eso.

La celebración  del Día Nacional del Teatro es parte del Gran Circo Teatro

Exacto porque Andrés siempre pensó que el teatro era popular; no podemos ponerle el nombre “Andrés Pérez” a una sala de eventos. No nos interesa ponerle sala “Andrés Pérez” a un espacio que va por otro lado, porque me voy a morir yo, se va a morir el Andrés hijo, se va a morir toda esta gente que está acá y en cien años más van a decir “¿quién fue Andrés Pérez?”. Entonces yo quiero que se sepa quién fue Andrés Pérez: que fue la persona que pensó que es a través del teatro que uno puede entregarle dignidad también a la gente. Nosotros pensamos que el público es inteligente y no podemos hacer cualquier tonterita. Pensamos que es a través del teatro que podemos generar espacios de reflexión, aunque sea la comedia más graciosa del mundo, igual está la posibilidad de reflexión y como pensamos que el público es inteligente, nos deja la vara súper arriba.

¿Cómo surge la idea de celebrar el Día Nacional del Teatro en la Usach?

Tiene que ver con las utopías. Nosotros estamos en medio de sedes universitarias pero este no es un barrio universitario; es un mercado de la educación universitaria. A estos alumnos los tiene bastante enajenados. Pero está instalada la idea de que el teatro es una güeá y los cabros prefieren gastarse una luca en las borracherías o en comprar un pito. Bueno nosotros decidimos ir a buscar a ese público que no viene. A mí me interesaba llegar a ese público que serán los futuros profesionales, que sean capaces de guardarse un par de lucas para ir al teatro o a ver danza, cosas no consuman solo cosas materiales, que se den tiempo para nutrir el alma.

Bueno, decidimos hacerlo en la Usach después de que fui a ver a Viglietti en el Aula Magna de esta Universidad y me encantó lo que vi ahí. Ahí nos comunicamos con Carmen Gloria (encargada de extensión de la Facultad de Humanidades) con quien comenzamos a trabajar en esta actividad pensada para el 11 de mayo. Es importante recordar que existe un vínculo con la Usach, desde que estuvimos en Matucana 100. Ahí  nos apoyaron arquitectos de la Usach y nosotros siempre pensamos que eran dos espacios físicos que debían estar comunicados entre sí porque se necesitaban.