Por Nibaldo Acero.
En un par de años, la geografía moral chilena ha tenido un terremoto mayor que el de 27/F. Aunque la violación por parte de las familias terratenientes a este país no es, por cierto, una situación insólita ni reciente. Datan desde hace decenios los abusos por parte de los Larraín, de los Errázuriz, o los Matte, entre otras conspicuas familias que han hecho de esta nación una especie de caja negra colmada de semen, crucifijos y fetos. Donde el secretismo ha sido fomentado perpetuamente por la misma Iglesia Católica.
Sin duda, los últimos acontecimientos han superado con creces los embates tectónicos y marítimos vividos el año pasado; los escombros en este caso no son removibles con maquinaria alguna. Peor aún, estos macabros vestigios se precipitan de las cornisas corporativas y clericales como mierda de palomas de la paz.
No ha sido simplemente vociferar el secreto voces de los abusos sexuales dentro de la Iglesia. No ha sido sólo el constante despojo de territorios mapuche para las familias “emprendedoras” dedicadas al rubro papelero o maderero y de los autoatentados en la Araucanía. No ha sido solamente el macabro montaje edificado por la derecha y el ex fiscal Peña en contra de los anarquistas. No ha sido sólo el hecho el perder la democracia a manos de un magnate megalómano, ni que las huelgas de hambre sean el recurso legal para un juicio justo.
Nada de esto ha sido el argumento para la debacle ética. Violeta Parra hace decenios manifestaba que Chile limita al centro con la injusticia. Por ello, los anteriores hitos son apenas grietas de un cataclismo mayor, de un cataclismo verdadero.
Las familias pudientes de este país han podido esconder las violaciones que han deseado, ya que mediante el capitalismo, su filosofía, su Kamasutra y su Dios, interpretan que, mientras haya dinero de por medio, tienen todos los derechos sobre las cosas-personas.
Es la cosificación de la vida, como dice Bajtín, es la facultad cierta de rajar a latigazos a un inquilino en el medio del campo y mandarlo a desaparecer. Es el derecho de violar a las chinas y a cuanta sirvienta se le pare en gana porque es el patrón. Es el don de no rendir cuentas al cura párroco ni a deidad alguna, por el suculento el diezmo sagradamente donado.
Ejemplo puro de esta mentalidad es la cancelación de varios millones de pesos para esconder una masturbación hecha por un joven al todavía Vicario, Diego Ossa Errázuriz. “La Iglesia ha debido pagar la paja más cara de la historia” -leí el otro día en twitter-. Y no le daré un peso más, fue la cristiana respuesta de este santo chileno a Armendáriz.
La verdadera catástrofe es nuestro silencio.
Antes, todos estos cohechos, todas estas brutalidades, todos los abusos quedaban en la oscuridad absoluta o por lo menos en la penumbra. Ahora los hacen frente a nuestros ojos. A veces pienso que la teoría del uso poder psicotrónico está en pleno desarrollo, que tiene plena vigencia. Porque no podemos ser tan faltos de asombro, de reacción, de aullido. El problema verdadero, finalmente, es nuestro. Es la vigilancia de apenas los metros cuadrados de nuestra existencia. Remedando a Sartre, el otro vale nada.
Nosotros deberíamos estar en cana por la injusticia que cometemos al callar, al aceptar como ovejas trasquiladas los atropellos que viven los otros, mientras tomamos tranquilos el té frente a la chimenea, como le decía en un poema Benedetti a Guevara. Cada uno de nosotros debería ir a entregarse voluntariamente a la policía civil por este delito, el de no salir a defender a un ser humano (un hermano), el de no defendernos como manada.
Entiendo que la individualidad, que la propiedad privada, que el capital, son conceptos que dominan la Iglesia desde hace siglos. Sin embargo, el discurso desde hace siglos continúa por otro lado: “sed comunidad”, “ámense los unos a los otros”, “el prójimo es Cristo”, etc.
Entenderemos entonces en esta recientemente mencionada lógica, que finalmente todo lo anticristiano: lo subversivo, lo anárquico, lo antisocial, todo lo abyecto para los ojos de Dios, es, hoy por hoy, en definitiva lo verdaderamente cristiano. Las comunidades okupas son como la primera iglesia, perseguida por los romanos. Los anarquistas injustamente encarcelados, mártires de un sistema tan sangriento como el de Roma, donde chacales como el ex fiscal Peña y Hinzpeter, devoran la mejor cosecha humana, perseguidos por necesidad del imperio.
Ser cristiano, en esta lógica extraña, compleja, pero cotidiana, será ir por la vida luchando, intentando bajar de la cruz a quienes sufren abusos de todo tipo. Será vivir en comunión con la resistencia, entre las lacrimógenas, el vino en caja y la fiesta. Será tener fe en el ser humano, fe en los cuáticos de corazón, fe en los brígidos de pensamiento. Los ángeles custodios serán Ciper Chile, El Mostrador, los medios alternativos, comunitarios. Dios usará bototos, la camiseta de la Polla Records y será una y otra vez encarcelado. La caverna de esta nueva Iglesia perseguida será la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago y el jardín de edén, el reino celestial, un Chile sin violaciones a los derechos humanos, sin familias oligarcas que ordenen nuestras conductas disfrazadas de iglesia.




estos putos avusos siempre se sabem pero el problema es que la prensa de mierda no lo muestra prefiere mostrar weas de reality o farandula es es lo mas inportante o tambm andan mostrando weas de crimen, violaciones , asaltos pero mientras no muestran al verdadero criminal y ladron y violador que pasa por las tierras del sur.
cito “ámense los unos a los otros” que frase mas ipocrita si hay diferencias de clases mmm….
directo como una patada en la cara………pero verdadero………”Las familias pudientes de este país han podido esconder las violaciones que han deseado, ya que mediante el capitalismo, su filosofía, su Kamasutra y su Dios, interpretan que, mientras haya dinero de por medio, tienen todos los derechos sobre las cosas-personas”…..tanta basura oculta por tanto tiempo…..tanto dolor menospreciado…..terrorífico!!!!!!!!