Le gustaría que en Chile existiera una Asamblea Constituyente. Piensa que perdimos la cordura. Cree que el ministro de Cultura no sabe de lo que habla. Y que el rescate minero fue un gran circo. Hoy lee libretos para una nueva teleserie nocturna, prepara una obra de teatro y entrevista a Egon Wolff para futuras lecturas dramatizadas para la radio. Cree que su don le debe servir para entregar un mensaje inteligente, en medio de una sociedad dormida.
Por Equipo Réplica. Fotografía: Natalia Bustamante.
¿Cómo se ve el país desde el estudio de un estelar de televisión?
Hace tiempo que no estoy en un estelar, pero creo que en esos momentos hay que ser responsable, o sea yo siento que tengo la responsabilidad de que estoy comunicando a muchas personas, por eso hablo de cosas relacionadas con el país, porque creo que es importante que se diga. Me acuerdo cuando molestábamos al ministro de Educación, Martín Zilic, en la Revolución Pingüina o cuando decíamos: “¡a ti te hablo, Ricardo Lagos!”. O cuando hueviábamos en cosas sobre Pinochet. A mí me gusta ocupar ese don que tengo, pa decir lo que no se dice, pero además para reírnos de tanta cosa que es absurda. Hace mucho tiempo que no hago el Yerko sí.
¿A quién molestaría Yerko ahora?
Pff. Ahora sí que vemos ridiculez por montones. Por ejemplo, habría hablado del rescate escandaloso de los mineros. Si además de cueva los sacaron, porque encontraron el hoyo nomás. Después de mucho tiempo tratando de encontrar algo, se devolvían los camiones, nadie se acuerda de eso, y fueron los mismos familiares los que detuvieron, se tuvieron que poner delante de los camiones. Y el espectáculo fue estratosférico. Golborne cantando Arriba en la Cordillera, haciéndose el compañero. Pff. Fue terrible la utilización que hicieron de los mineros y se olvidaron por completo de la reconstrucción.
¿Y qué otro material sería bueno para la rutina?
Es que este país está convertido en un circo. Lo otro bueno fue lo de Wikileaks porque se dieron cuenta que los diplomáticos gringos, que tanto admiran acá, pelan a todo el mundo. Si los gringos no son tontos, se dieron cuenta al tiro que estábamos locos. Dijeron: ¿Cómo tienen esos candidatos a la Presidencia tan ridículos? Uno fome y manduqueado por la señora; otro hijo de un revolucionario, pero más irresponsable que la cresta, un tiro al aire poh. Y el otro, que terminó siendo Presidente, un payaso. ¿Que acaso es necesario que vengan de afuera y nos digan la clase de pelotudos que teníamos como candidatos? Patético, pero divertido sí poh. Lo mejor que ha pasado.
¿Y la televisión es divertida?
La televisión es una cosa rara, me preocupa a mí, en serio. ¿Cómo la gente puede ver algo como Pelotón? ¿O como otros pueden pensar si quiera un programa como Pelotón? En un país donde se recontra violaron los derechos humanos en recintos militares. Lo peor es que esa gente se encierra y le gusta que lo traten mal, si esa es la cuestión. Les gusta la huevá. Les gusta que les griten, que les peguen, que los manduqueen. Es como que en Alemania hicieran un reality, onda: “enciérrate en la pieza con la cámara de gas y gana 50 millones”. Así de extraño. Pero así estamos perdidos como nadie. Nada que hacer.
Además hay un Chile que no existe en la tele, ese Chile del barrio Yungay, de las cedes de la CUT, les molesta todo lo que huela a charango, a peña, a rojo, parece que no existiera. La gente bailando la banda Conmoción, los pobres, los mapuche, los anarquistas, los Chico Trujillo que dejan la cagá en todas partes, no aparecen en la noticias, ni en los programas.
¿Hay dos realidades?
Claro. Es que muestra una felicidad de mentira. Si la clase media está destruida, pagando todo lo que ha comprado. Todos cagados. Con la intención de pagarle el colegio al hijo para que no estén tan cagados como sus padres. Está todo el mundo apurado, sin tiempo. Sin tiempo para ver a su familia, sin tiempo para perder el tiempo. Ahora todo hay que asegurarlo. La silla para la guagua en el auto, después para la otra guagua; metís las sillas en el auto y no cabe nadie más. Entonces hay que comprarse un auto más grande. Y así nos endeudamos hasta las patas y nos alejamos para no cagarnos de miedo de lo desconocido. En los edificios hay cámaras, conserje, y un ojo en la puerta para ver quién viene, o sea ojalá no viniera nadie, si esa es la huevá. Mientras más alejados de todos mejor. Todos muertos de miedo de no sé qué.
Como esos los edificios horribles que levanta Sabat en Ñuñoa, que vende la comuna como un lugar seguro y tranquilo, y llena la comuna, chantando esos tremendo edificios con una arquitectura fea por donde se mire. Con círculos, con ventanas raras, cuadrados por acá, rectángulos por allá. ¿Qué les pasó a esos arquitectos? ¿Qué se fumaron? Cientos de pisos, pero mientras más alejados de los vecinos mejor.
Pero la gente compra ese tipo de viviendas, ¿por qué será que les gustan?
Porque acá están dementes. En este país, por ejemplo, nadie lee, nadie termina un libro. Imagínate que la otra vez se planteaba por esta cosa de la repetición de las teleseries, que hubiera una huelga de actores. ¿Qué va a pasar? Na poh. la gente no está ni ahí, ponen a Arenita en remplazo y filo, ganó Arenita. Tú creí que la gente va a terminar de comer, de tomar desayuno, de preocuparse por las cuentas, nada, los actores pensando que el arte y la cacha de la espada. Es que la gente está cansada y no quiere saber na’ de na’. Se emboban nomás con la tele. Ahora hay una especie de fiebre de todo. Fiebre de baile, fiebre de farándula, fiebre de poto, de teta. Eso es lo que importa.
O lo de las ferias de libro. ¿Qué es eso? El stand más grande es el que más vende. Eso no es cultura. Los libros son hasta más caros. Además como te decía, acá en Chile, nadie lee. O sea, igual hay cabros que van y leen Chomsky, o a otros autores y bien, pero la mayoría con cueva se termina un libro. Acá la gran mayoría se pasan la cultura por la raja.
¿Es la mayoría?
No sé, pero muchos. Los chilenos están huevones, en una frecuencia muy rara. Se creen la raja en relación a los vecinos. Van al Caribe y se sienten la raja diciendo que el ron que le sirvieron no es tan bueno. Chile está convertido en un país muy antipático. Imagínate que Chile es como una casa de cuatro pisos que se levantó en medio de la Legua y la Legua es Latinoamérica. Entonces hay una onda de superioridad asquerosa. Todo pasa acá, los gringos vienen para acá, los europeos vienen para acá. Acá son las reuniones, los tratados. ¿Es obvio que los vecinos nos miran con desconfianza o no? Además Estados Unidos, nuestros amiguis, le ponen la pata encima a quienes quieran. La ONU le dice que no bombardee e invade al país que se le antoje sin permiso. Esos son los socios que nos mandamos.
¿Cuál es el rol de los políticos en este panorama?
Nada, ningún rol. Cero aporte. Y para rematarla tenemos unos analistas payasos que aparecen de repente, unos Navia, que no pueden estar más involucrados en toda la porquería y hablan desde una independencia que no existe. Todo funciona como el cagazo del Transantiago, donde vino un tipo colombiano a diseñar un plan en una ciudad que no conocía. Entonces la gente que está chata: que anda dos horas en micro, que hace filas en los paraderos porque la micro no pasa nunca. Entonces dicen: “qué le voy a pagar a estos huevones que no saben hacer la pega”. Y claro , menos mal que después, trajeron a Cortázar, que es el único personaje que trabaja en Chile porque parece que no tuviera hijos, que no tirara, que no jugara a la pelota. Lo llamaron a él para solucionar lo insolucionable.
Y en política cultural, tu opinión acerca de la labor del ministro de Cultura, Luciano Cruz Coke…
Es que no creo que Cruz Coke sea capaz de nada, no porque sea mala persona, no, para nada. Simplemente porque cree en ese sistema económico y en esa gente que nada tiene que ver con el teatro, ni con el arte. Es incapaz simplemente, qué podemos esperar, incapaz porque no cacha nada. Los siento, pero es así. Él le cree a esa gente que vino a allanar mi casa cuando yo era chico, esa gente que mató a los que pensaban distintos. O sea en ese Gobierno que tiene a Allamand (hijo de Pinochet) de ministro de Defensa. ¡De Defensa! O la Matthei, yo personalmente, cuando ese apellido lo asocio sólo a violaciones a los Derechos Humanos. No puede ser más terrible.
¿No hay un cambio en la derecha entonces?
Son los mismos. A mí me pasa que a veces voy tranquilito en el Canal y cuando veo a los Novoa o a los Larraín que van a dar entrevistas a Teletrece, me da una huevá terrible, me tapo la cara, no sé, me da como urticaria esa gente. Me acuerdo que para el Mundial tuve que ir a Sudáfrica de Peter Veneno y a veces estaba en lo mejor con la gente y alguien me tocaba la espalda y me decía: “Peter, sácate una foto con nosotros” y yo miraba y era uno de esos personajes del terror y yo no sabía cómo desaparecer.
Pero lo peor de todo. Lo más triste de todo, es que gracias a que tienen lucas -para las editoras y para las mejores cámaras ahora- ahora son sus hijos los que nos vienen a contar la historia de Chile. Qué paradoja más ridícula. Ellos, qué pueden saber ellos.
¿Lo dices por Post Mortem, la película de Pablo Larraín?
Lo dijiste tú no yo. (Se ríe) Es que además es así, la plata lo atraviesa todo, es como estudiar medicina en la Chile versus hacerlo en una universidad Opus Dei, donde si no tienen cuerpos para hacer las autopsias mandan a matar un tipejo pa’ que los cabritos tengan sus órganos como material de estudio. Lo mismo pasa con el arte, con la producción del material audiovisual. Si no tenís el cable tanto, con la editora tal o cual, no puedes trabajar. Y esta gente lo tiene todo. O sea sus materiales de trabajo están a años luz de las cámaras que tienen en el canal comunitario de La Pintana. O sea le da trescientas mil patás.
¿Por quién votaste?
Es que yo ya no creo en nada. Cuando me invitan digo no a todo. “No gracias, compadre, no gracias” Sobre todo cuando me invitan a actos culturales a La Moneda, yo me arranco de todo, porque ya no creo en nada. Una vez me llegó un correo que decía que había que poner en el voto: “Asamblea Constituyente”. Y yo siempre hago esa huevá. Pongo “Asamblea constituyente”, y después, en el recuento de votos de la tele, me quedo pegado mirando, esperando que uno de esos votos diga: “Asamblea Constituyente” y nada. Parece que soy el único huevón en Chile que lee esos correos. El único pelotudo que pone eso. Sería importante construir algo como la Comunidad Europea para protegerse un poco. Un sistema latinoamericano a lo Evo. Pero nada. Porque en este país ni el Partido Comunista se salva. Tiene buenas propuestas y todo, pero finalmente termina apoyando a Frei, un candidato que apoya un sistema económico completamente distinto y que apoyó a Pinochet, si le entregó plata para la Reconstrucción después del 73. O sea dónde vamos a parar. No tengo idea.
¿Hay esperanzas de revertir esa situación?
Acá se reprimió a los comunistas. Los mataron a todos. Luego mataron a los miristas, a los frentistas con La Oficina, o los sacaron del mapa. Y se exterminó todo asomo de rebeldía. Después a los mapuche, ahora encarcelan a los anarquistas. A veces hay ciertos atisbos, que uno dice, sí ahora sí, como la Revolución Pingüina, pero ahí finalmente quedó un dirigente en el Partido Socialista y el otro guatón en Yingo. Ya no queda nadie que se pueda rebelar en Chile, que pueda responder a este ataque enorme de los bancos, del sistema económico. Un ataque silencioso que los tiene a todos infelices. Y yo no sé qué tanto meten miedo. Yo no tengo miedo a una rebelión, no tengo miedo a guerra civil. Más miedo me da que se vayan los extranjeros y se lleven sus bancos y sus empresas y haya un nuevo “corralito” como le pasó a Argentina. Si es cosa de que muevan un dedo y ahí se va toda esta economía a la cresta. Aunque esa parece ser la única solución para que la gente despierte.
¿Qué se hace entonces?
Lo único que podría cambiar la cosa son los jóvenes, esos jóvenes secos para internet que se tienen que ir a conectar de un ciber para tener una buena conexión porque hay conexiones súper charchas en sus casas. Gente que se suma por Facebook, que se organiza por twitter. Esos son los movimientos que la llevan, que pueden hacer de esto algo un poco más decente. Una muchacha como la María Música que le manda un jarro con agua a una ministra que le había mandado cientos de guanacos a los cabros en las protestas. Esos jóvenes pueden llamar a las protestas, pueden despertar a la gente que está dormida. Remecer este pueblo dormido, dejar la cagá. Hay que dejar la cagá.


