El Piano azul de Gepe

Después de las preguntas de rigor de una entrevista, un hombre de ojos claros abrió su piano azul y lo tocó. Su hija llamada Amalia se sentó en sus rodillas, él le pidió que escuchara en silencio. Ella quería aparecer en la imagen y posó concentrada. Un sol brillante invadía por la ventana. La fotógrafa y la periodista escucharon atentas la canción. Lo grabaron con una cámara pequeña y se miraron. Tuvieron la sensación de estar frente a un joven genio de la música.

Por Equipo Réplica. Video: María de la Luz Almeyda.

Vamos a tu orígenes como músico, ¿cómo fue eso de hacer un covers de Mazapán?

Es que Mazapán es como de los grandes grupos chilenos que hay, o sea desde chico debe ser uno de los primeros grupos  que me gustó. También  me gustaba Michael Jackson, pero así, como grupo,  Mazapán debió ser el primero. Supongo que porque cuando yo era chico lo daban en la tele y me parecía que era  entretenido; era más que una canción, más que la Vaquita Loca. era todo un concepto. Y na’ po’,  se me quedó adentro sin necesidad de haber entrado a esa música por la moda, sino porque cuando uno es chico no tiene ningún filtro y Mazapán me llegó.   Me quedó gustando tanto que me gusta hasta ahora. Debe ser de las grandes influencias que tengo.

¿Y los covers cuándo los hiciste? ¿Cuántos años después?

Después los hicimos en el colegio, como a los diecisiete años, pero no era como ”la versión rock de mazapán”, o una versión de una tendencia específica sobre Mazapán.  No era eso.  La idea no era como “voy a hacer mazapán reggae”. Sino que sólo lo tocamos con la idea que siguiera manteniendo el espíritu de Mazapán, a pesar de nuestra manera de tocarlo. Creo que hacer un cover no es copiar una canción tal cual, literalmente, tampoco planear cambiarla entera.  Se le da una nueva interpretación, con colores propios,  pero con la esencia del original. Eso hicimos.

¿Y de ahí el triángulo o el xilófono que has ocupado en tus canciones?

Sí yo creo que viene de ahí.

¿Y GIT? Aprendiste a tocar batería con un casete del grupo GIT, dicen.

Sí, lo que pasa es que como lo primero que aprendí fue  tocar la batería, ponía los casetes de GIT que tenían una  batería súper simple y súper fuerte.  Era ponerlo y seguirlo. Me gustaba la base.  También ponía el casete de Xuxa o Scorpions. Era muy chico sí, tenía como seis o siete años y tocaba una  batería de marca nacional pa’ niños chicos que me compró mi papá, se la regalé a alguien después. Era buena la batería esa.

Has trabajado con elementos que no tienen funciones musicales, como el serrucho, por ejemplo.  ¿Has ocupado en tu nuevo disco, Audiovisión, otros objetos la cotideaneidad para experimentar nuevos sonidos?

El primer disco, 5×5, era así. Ocupé muchas cosas raras, pero el Gepinto era más correctito; el Hungría también, súper de estudio.  Pero el de ahora, por ejemplo, tiene cosas bastante sucias, como antes, porque grabé teclados con micrófonos bien ordinarios, o cosas con mp3; lo puse ahí el mp3 y grabé un piano y dejamos ese sonido.  Es porque te da una textura distinta, trabajado a una resolución alta, queda súper bien y se mezcla súper bien, y es bien perceptible, se nota.  La canción Ayelén está toda grabada en un micrófono ordinario marca Yoga que costó diez lucas en San Diego. La idea es ir probando.

Hoy estás catalogado como un ícono de la nueva música nacional.  Pero has tenido varias etapas para llegar a esto. ¿Hay que tener paciencia en la música?

Paciencia es lo único.  Hay que insistir, e insistir. O sea darse cuanta si a uno le gusta algo y si tiene un poco de talento y mucho interés, con eso uno lo hace. Tampoco hay que  desinflarse, hablar mucho, contar lo que uno va a hacer, yo creo que a uno lo mata eso. Tampoco como obsesionarse en el área que sea. Decir por ejemplo: “yo cuando grande quiero ser músico, yo cuando grande quiero ser músico, yo cuando grande quiero ser músico”. O sea, hay que decírselo  pa’ uno mismo y nadie más. No obsesionarse con los objetivos, eso  sirve porque uno anda más tranquilo por la vida, menos ansioso.

¿Paso a paso es la carrera de Gepe?

Paso a paso.  Y también hay que  hacerse metas chicas. Onda este año voy a hacer un disco, el otro año voy a hacer este otro, y así. En silencio se van dando las cosas, y esto se lo leí a Bob Dylan. Nunca decirle a alguien lo que uno va a  hacer porque se va a viciar. Porque se va a pudrir antes de que se haga. De a poquito los objetivos.

¿Siempre tuviste uno o varios objetivos?

Yo siempre supe que quería ser músico, o sea no, miento, siempre supe que quería hacer música, pero también hacía otras cosas,  por ejemplo, jugué hartos años jóquey. Jugué 12 años. Cuando chico era súper deportista, jugaba a la pelota y todas esas cuestiones y siempre  me iba bien en el colegio, así que mis papás nunca me dijeron “no vas a tocar más música”, todo lo contrario, me lo fomentaban. Entonces me compraban guitarras, incluso una vez era tanto que yo quería tener un grupo cuando chico, y ninguno de mis compañeros tenía ese sueño, que mi mamá  le compró una guitarra a otro amigo mío pa’ que me tocara conmigo.

¿Y haces deporte todavía?

No, yo el deporte lo encuentro feo, o sea no, en realidad, lo que encuentro feo es esa cosa de los músculos en el gimnasio, hacer pesas, eso no me gusta.  El deporte es choro, como jugar a la pelota y eso, aparte cuando jugábamos joquey, nos iba súper bien. Yo iba en el  León Prado y había tres equipos y siempre éramos los campeones, todo el rato. Y dejábamos afuera a los demás, así que podíamos hacer lo que queríamos, era muy libre. Lo pasábamos bien. Pero después me dediqué a la música nomás.

¿Se puede vivir de la música en Chile?

Sí, yo creo que sí, es fácil y difícil a la vez, hay que ir armando su propio espacio. Porque si no vas teniendo cuidado, teniendo tu propio espacio, no resulta.  Hay que ir lentamente e insistentemente, e ir un poco generando un lenguaje propio; haciendo cosas que no sólo se adapten, sino haciendo cosas buenas. O sea  hacer una cosa, luego otra, es como de apoco. Decir: “Primero haré estos demos y se los dejaré a esta persona, pero si no resulta, lo haré de esta otra manera”. Tener paciencia sobre todo, e ir trabajando siempre a conciencia.

¿Y no te cansa estar a cargo de tu carrera?  ¿Pensar cada movimiento?

Es que de chico fue así,  siempre tuve varios grupos y si no me salía con uno sabía que me iba a salir con el otro.  Siempre tengo que ir pensando. Estoy acostumbrado.

Conozco mucha gente que iba cuando tocabas en el dúo Taller Dejao en la Escuela de Diseño en la Universidad de  Chile.  Dicen que la mística era muy grande.

Yo creo que es una cosa que está volviendo ahora en mi música, porque ahora que estaba fuera de Chile estaba tocando batería súper fuerte y me acordé mucho de  Taller Dejado. Había una onda especial ahí, porque ese grupo era muy fiestero y estaba arriba todo el rato, aunque eso mismo también me cansó con el tiempo, eso de que hubiera mucho exceso en la música siempre. Lo divertido fue juntarme con él (el Javier Cruz) porque éramos muy distintos en el colegio, y en cuatro medio  le dije, como forzando la idea: “Oye hagamos un grupo, nosotros que no nos conocemos mucho”. Y él era súper cauto, súper buena onda, no estaba ni ahí con las cosas que yo estaba ahí,  porque era otra onda, pero me dijo que sí. Reaccionó bacán,  es un hueón demasiado bueno, súper buen ser humano.  Y empezamos a tocar y él tocó bajo y no sabía, había sólo tocado guitarra antes; canciones de Deep Purple y las de Metallica y no sabía más. Pero empezamos  a tocar los dos y salió súper bien. Tocamos desde el 99’ hasta el 2004.

¿Y por qué terminó?

Por eso. Lo que pasa es que a mí me daba la sensación  que en cinco años no evolucionamos mucho, yo  trataba de meter cuestiones nuevas y el Javier tampoco estaba muy ahí con hacerlo. Como que tocar tantos años lo mismo, sin una evolución evidente,  desinfló solo al proyecto. Así que nos separamos como naturalmente, pero tengo demasiados buenos recuerdos de ese grupo, perdíamos como quince kilos tocando cada vez.

¿Quién es tu feedback ahora que eres solista?

Creo que siempre he hecho música para mí y para la gente, o a través de mí para la gente, por eso siempre me ha interesado la opinión de los otros.  Le pregunto la opinión a mis amigos, a mi familia (la Valeria y la Amalia), a  Sebastián Sampieri, al Pablo Flores, al  Vicente Sanfuentes, al Rodrigo Santis. A ellos. Siempre a los mismos, parece.  Es un proceso que me importa mucho.

¿Y cómo es el camino de las letras de las canciones? ¿Un trabajo difícil?

Tiene distintas etapas, de hecho ahora estoy en una etapa muy mala para hacer las letras. No he podido hacer una hace mucho tiempo, y  yo creo que es porque maduras ciertas cosas.  Es que antes hacía letras y  eran como mágicas, no se podían  tocar, o sea no porque fueran las mejores letras del mundo, pero era como que esas que se escribían ahí tenían algo sagrado, y era imposible modificarlas. Y ahora no es así, porque en el último disco, lo hago.  Ese proceso es como buscar algo, conscientemente. Siempre parto de algo intuitivo, pero  al final va pasando varios filtros; lo mismo con las melodías, uno va como enjuiciándolas. Siguen siendo especiales, pero tienen un trabajo un poquito más maduro. Tanto tiempo haciendo algo, que al final te vas fijando en los detalles, en la estructuras, me doy permiso para revisarlas.

¿Y la música, te sientas a pensarla?

No, por lo general se me ocurren frente al instrumento, yo creo que las mejoras canciones siempre han salido al tiro. Hay una que me demoré un año. Pero otras como Los Barcos que la hice en quince minutos; o Ayelén la hice también muy rápido, tenía la melodía de la cabeza. Estaba en el patio de una casa, mirando las plantas,  y me llegó la inspiración, como cuando te acuerdas de algo.  Pero por lo general me demoro mucho, pocas veces me demoro poco, y voy como paralelamente, las canciones son como cosas chicas, entonces trabajas con cinco a la vez, y te van quedando como dentro de una bolsa y las vas conceptualizando, vas haciendo letras o arreglos de apoco. Es más fácil trabajar varias, yo creo que tres es el número normal. Ir trabajando de a tres canciones al mismo tiempo.

¿Qué opinión tienes de la vuelta al folclor? Se debe a una necesidad de vivir una vida más sencilla.

Yo me acuerdo que lo primero que escuché fue a la Javiera Mena en el 2004. LLeva años esto. Es como que la sociedad o la historia del ser humano es un espiral, y pasas de nuevo por el mismo lugar una y otra vez, pero con una nueva mirada, una relectura: como las sensaciones de la inspiración que se repiten, pero se adaptan. No podríamos hacer lo mismo que se hizo antes, porque la instancia no puede ser la misma. Es como lo que pasa con el vintage, el retro antes eran los ochenta y ahora son los noventa.

Pero yo, por ejemplo, siempre he escuchado mucho  folclor y me gusta demasiado: el grupo Millaray, la Margot Loyola, Gabriela Pizarro, la Violeta, gente así que toca de verdad,   y no me puedo salir de él.  Es imposible para mí no escucharla, creo que es la música más linda que he escuchado. No puedo dejarla. La tonada principalmente.

Me acuerdo también que cuando surgió el folk, estaba esa onda de bailar mucho en una onda más inconsciente, más colectiva. Es bonito eso. De repente eso es como volver a las raíces.

Hablando de música para bailar ¿Estás haciendo un disco con Alex Anwandter ex Teleradio que define su música como para bailar? ¿cómo va eso?

Yo no lo cachaba a él, y tampoco sabía mucho de su trabajo.   De hecho, sigo sin escuchar un disco de Teleradio, pero cachaba que este hueón es muy inteligente, seco.  Así que  una vez, me conseguí su número, agarré un teléfono  y le dije: “Oye, hagamos una tema” . Y fui a su estudio y le entregué un pedacito de un tema  y él lo terminó al tiro, y lo pasamos muy bien.  Aparte,  nos dimos cuanta que tenemos el mismo registro y todas las canciones son como cruzadas, no se  nota cuando es uno o el otro. Es súper entretenido.  En todas cantamos los dos. Yo creo que estará para final de año o principio del  próximo año,  y vamos a empezar a  tocar juntos también.

¿Y qué le falta a Gepe? ¿Qué viene de ahora en adelante?

A mí lo que me ha importado, más que cualquier cosa, es ser un artista con un lenguaje propio. Más que tener muchos discos o un distintas islas, como las canciones, es tener una continuidad interesante que sirva para algo. Hay artistas que no me gustan tanto como Caetano, pero ha levantado ondas, ha mezclado la música docta con la popular, ha  abierto puertas. Muchas  cosas que no se hacen en cinco años, sino en veinte y eso es lo que quiero lograr. Pero así, en lo práctico, hacer otro video, seguir de gira, tocar más en regiones y acomodarme bien con lo que quiero tocar en vivo.

Entonces, ¿cómo se define el lenguaje de Gepe?

No sé, como las canciones, mis canciones. La neutralidad es un buen adjetivo para definir mi música. No sé, ni tan cargado hacia un lado ni para otro.  No ver las cosas de un solo lado. Una cosa más macro, mantener distancia, con una sensibilidad especial.  Y con respecto a la gente y su respuesta,  me interesa que les llegue la sensibilidad, y que le llegue a la mayor cantidad de gente posible, lo más transversalmente;  desde los más cuicos, la clase media,  hasta los más humildes. Trasversalmente de edad y estrato, y hablar de la manera más macro y más sensible y musicalmente posible. Como no cerrarse nunca, pero sé que siempre hago las mismas canciones. No sé.