Por Pato Pimienta. Fotografías: Natalia Bustamante.
¿Hay alguna mujer lectora de Revista Réplica que alguna vez, por esas cosas raras de la vida, por si acaso, en una de esas, quién sabe, Dios no lo quiera: haya recibido un agarrón en la calle? Si es así, ¡que levante una pechuga!
Cosa curiosa. ¿Ustedes saben que el agarrón es también llamado abuso sexual “por sorpresa”? Pero, ¿por qué le llaman así? Como si fuera algo bueno… Yo creo que a nadie le gusta esa sorpresa.
- ¡SORPRESA! Ehhhhh, te dejé loca, ehhh, te sorprendí ehhh…
Será porque los que pegan agarrones son súper rápidos. De hecho, es como que pegaran un lanzazo. Porque te tocan y salen arrancando, como si te robaran un pedazo de cachete.
Y los agarrones se dan con frecuencia en los lugares de alta afluencia pública. En el metro, en la micro, y en las iglesias. Aunque en estas últimas se dan los agarrones más raros, porque te lo dan exóticos hombres vestidos con largos faldones.
En el metro, por lo menos, se han preocupado del tema, y se han tomado medidas. Junto a los carteles que dicen “no ponga la mano en la puerta”. Ahora hay unos que dicen: “No ponga la mano en el poto”. En serio.
Yo creo que el agarrón más ordinario es ese que te lo dan en la micro cuando se van a bajar por atrás. La micro va súper llena y el tipo va con una mano arriba y la otra abajo, y no sólo eso, junto con ir tocando… ¡VA PIDIENDO PERMISO!
- Permiso, señorita secretaria, permiso, señorita universitaria, permiso… señorita abuelita…
No perdonan a nadie.
Y el que hace un agarrón además de depravado, es un ser cobarde. ¿Se han fijado que cuando aparece una mina osada y los enfrenta, se cagan de miedo?
- ¡¿Qué te pasa, huevón, ordinario, indecente, como se te ocurre agarrarme una teta, huevón de mierda, patético!
Y el tipo queda pa’ dentro y se pone a llorar al tiro.
- Disculpe, señorita, perdóneme por favor… yo no soy así, lo que pasa es que tengo un problema sicológico, perdóneme, no es mi culpa… perdón…
Y la mina lo escucha y se sensibiliza.
- Ya po’, no te pongai así… ven, pa’ acá… tócame la otra. Cómo tan solo en la vida.
Ahora, no sólo las mujeres sufren agarrones, los hombres también hemos sido víctimas. Y realmente es humillante. Estai esperando la micro, y de repente, pasa una mina. Y te manda el agarrón. Y uno queda impactado. Y siempre hay otro hombre que se da cuenta de la “violación” que uno siente.
- ¿Qué le pasó compadre?
- Nada.
- Pero, compadre, está llorando…
- Acaso no puedo llorar… soy sensible, huevón…
- ¿No me diga que una degenerada lo tocó?
- Ayyyyyyy…. Ayyyyy…
Y ahí el hombre se lanza a llorar, lleno de frustración.
- Sí, compadre, una mina me tocó acá, toda la entrepierna, hasta me apretó súper fuerte…
- ¡Mierda, ayyy, que impotencia!… ¡Debería haber un proyecto de ley que condene a esas mujeres cochinas!
Se han dado cuenta que llega un momento en que el agarrón deja de ser agarrón. Cuando uno comienza una relación de pareja, en un punto viene el primer agarrón.
Eso se da con tiempo. Uno no conoce una mina y le dice “hola” y le agarra una teta. No, eso es de mal gusto. Uno va de a poco.
Empezai por la mejilla, siempre mirando pa bajo. Bajai por el hombro, tocai el cuello y se te cae la mano. Y cuando poní la mano ahí en la pechuga, y no pasa nada, nadie reclama, te quedai ahí un rato largo, como un perro asustado. Pensando. Quieeeeto. Muy quieto. Pensando “será ya el momento de moverla”.
Y la moví. Y nadie reclama. En ese momento el agarrón se ha convertido en una caricia.
Pero todo esto va a terminar, ¿por qué? ¡Porque en el Congreso se han dado tanto agarrón cuando legislan, que han decidido hacer un proyecto de ley!
Ahora el proyecto es bien raro.
Porque la única forma de probar el delito, es llevando ante el juez a 50 testigos y al acusado, y si el acusado es muy viejo y muy verde, debe ir acompañado de su bisabuela, muy vieja y muy verde.
¡Es una ley imposible! Con esa ley hasta yo me atrevo a dar un agarrón.
Ustedes creen, estimadas contertulias, que si un tipo les da un agarrón, ¡¿va querer a acompañarlas ante un juez?!
- Me tocaste el poto, degenerado.
- Tienes razón, ¡vamos donde el juez!
- ¿En serio?, ¡me vas a acompañar!
- Sí, por supuesto, es lo que corresponde… una sola cosa… ¿no te molesta que te lo vaya tocando?


