Un desesperado comerciante callejero, con título universitario, decide quemarse a lo bonzo en Túnez, luego que la policía le quitara su puesto de frutas, único sustento para alimentar a su familia. Esta historia que comienza con un fósforo enciende el alma de toda África, lugar donde la gente grita basta y ya no teme perder la vida.
Por Santiago Serrano. Fotografías: Nasser Nouri
Tras conocerse la noticia y ante la rabia, el hastío y la desesperanza, los tunecinos salen a la calle para derrocar al dictador, Zine El Abidine Ben Alí, que lleva 24 años en el poder y cuya familia maneja todos los negocios importantes del país, por supuesto con sus respectivas cuentas bancarias en Suiza.
La gente grita basta, no teme perder la vida y, en su propio lenguaje, inician una protesta incentivada por las mismas razones que en Chile el pueblo se enfrentó a Pinochet desde 1982: morir luchando, de hambre ni cagando. Porque la falta de trabajo y la excesiva alza de los precios, más la corrupción, fueron las principales causas para que un pueblo -principalmente joven y denominado como el más occidental de los árabes- decidiera buscar un nuevo camino para sus vidas.
Todo esto en un país donde el Islam está prohibido y las mujeres gozan de libertades inusuales para la región.
La voz del pueblo se alzó por primera vez en esta nación independiente antes los ojos atónitos de Europa y Estados Unidos, que más que opinar, han sabido simplemente adaptarse a las circunstancias para no perder negocios, única real preocupación de quienes gobiernan el primer mundo. Que no les toquen el bolsillo.
Al mismo tiempo, el ejemplo produce un despertar generalizado en la región, incitando manifestaciones en Yemen, Jordania, Marruecos, Argelia e incluso Irán, donde fueron reprimidas con mano dura durante aquellos días de diciembre en que el mundo conoce la Revolución de los Jazmines.
Pero en Túnez, las marchas siguen, Ben Alí decide no disparar contra el pueblo y finalmente debe huir hacia Arabia Saudita. La Revolución de los Jazmines está instalada. Un gobierno formado por ministros de Ben Alí y representantes de otros sectores políticos toma el poder en lo que sería la transición tunecina que espera prontas elecciones para elegir un nuevo presidente. Elecciones democráticas que se realizarán por primera vez en Túnez puesto que las anteriores las ganó el propio Ben Alí con un 99,44% de los votos.
La revolución avanza hacia Egipto
El mundo aplaude a los tunecinos, pero como una epidemia, la revolución se traslada hacia Egipto y la gente decide salir a la calle ante el ejemplo de sus vecinos. Y Facebook adquiere un poder que ni sus propios creadores han imaginado. Como sucedió en las marchas contra la termoeléctrica de Punta Choros, en menos de 24 horas, los llamados a través de la red sin tibios intermediarios políticos, sumado a la instantaneidad de la telefonía celular, generan que un pueblo completo salga a la calle para pedir la salida de su dictador en lo que se conoce como la Revolución de los Jóvenes.
Hosni Mubarak lleva casi treinta años en el poder y es el principal aliado de Estados Unidos en la región. Obama no sabe qué decir. La primera potencia mundial calla, y, en medio del silencio, tras 24 horas se corta el acceso a Internet y la red celular en todo el país, pero el huracán ya está desatado.
Mubarak es un hueso más duro de roer, y da la orden al ejército de disparar a las masas, pero su comandante en jefe decide no obedecer, e incluso defiende a sus ciudadanos de una policía corrupta que reprime con fuerza para no perder sus privilegios.
Mubarak deja el poder y el propio ejército decide hacerse cargo del país durante seis meses, hasta que existan elecciones libres. Las primeras en la vida de la mayoría de los egipcios que vivían bajo una Ley de Emergencia desde 1967, con los derechos constitucionales suspendidos y la censura legalizada. Se cree que sólo en 2010 cerca de diez mil personas fueron detenidas sin cargos ni juicios.
El exceso de brutalidad policial, las leyes de emergencia, el desempleo, los bajos salarios, la corrupción y por sobre todo, la falta de libertad hicieron finalmente caer a un Mubarak que según algunos trascendidos, tendría una fortuna de 70.000 millones de dólares, lo que lo convertiría en un hombre más rico que Bill Gates. La mayor fortuna conocida del planeta.
Se cree que otros líderes de la región poseen fortunas similares.
El obligado fin del apoyo de occidente a Gaddafi
Curiosamente el único líder del planeta que apoyó a ambos durante estas dos revoluciones y que les aconsejó tener mano dura, fue el libio Muammar al-Gaddafi. El dictador más antiguo del mundo, con 42 años en el poder, ve como llegan sus últimos días.
¿Cómo pudo estar tanto tiempo en el poder? Gracias al petróleo. El último tiempo fue visitado por los grandes líderes del mundo (Sarkozy, Aznar, Zapatero, Berlusconi) quienes avalaron su reconversión tras un confeso pasado terrorista que incluye la caída de varios aviones de pasajeros en los años 80. Hace 20 años Gaddafi era para Estados Unidos un símil de Osama Bin Laden. Pero de la mano del petróleo fue nuevamente aceptado en la comunidad internacional.
Sin embargo, la realidad de Libia es distinta a la de sus vecinos. Gaddafi creó un sistema único en el mundo donde las milicias armadas remplazan gran parte del ejército y donde él, más que un presidente o un rey, es un líder espiritual. Por eso la amenaza de su hijo de que las protestas puedan transformarse en una guerra civil se convirtió rápidamente en realidad. Se cree que ya hay más de dos mil muertos en menos de una semana de marchas y combates. Incluso, para amedrentar a sus opositores, además de ordenar a la aviación bombardear algunas ciudades, se han traído mercenarios desde otras partes de África a los que les pagan dos mil dólares por día para dispararle a todo lo que se mueve en las ciudades.
También se dice que cerca de 200 soldados han sido fusilados por negarse a disparar a sus compatriotas, incluidos 17 aviadores que no quisieron bombardear las ciudades del este. Las informaciones, sin embargo, cuentan que muchos de estos mercenarios han huido hacia el desierto y que la oposición ya se ha tomado todo el este del país.
Sin duda que la herida abierta en Libia tardará décadas en sanar. En un país donde no existen instituciones creíbles ni líderes políticos de oposición, hoy son los comités populares los que tratan de reorganizar la vida en los sectores de Libia donde Gaddafi definitivamente perdió el poder. ¿Cuánta sangre correrá aún en Libia? Al parecer Gaddafi está dispuesto a realizar una masacre antes que escuchar la voz del pueblo y dar un paso al costado.
El futuro de Libia se ve oscuro, contrariamente a lo que ha sucedido en Túnez o Egipto. Pero la causa es común. Y ya se huele que esta ola revolucionara continuará en Barein, otro aliado de Estados Unidos, donde la injusticia social, las torturas y detenciones arbitrarias y la corrupción, son pan de cada día.
Todos esto pueblos han estado en contacto permanente con Europa, en su mayoría separados sólo por el mar Mediterráneo. Se han ido occidentalizando en materia de consumo, pero han visto cómo sus libertades no evolucionan mientras que sus líderes se enriquecen. Por eso han decidido tomar el destino en sus manos, y luchar, y morir por algo que nunca han visto: la libertad.


