La semana pasada mi jefecita de esta revista me pidió, como si nada, que escribiera una columna sobre una serie, pero que fuera chilena. Me dio permiso para maltratarla, si yo lo consideraba necesario, lo cual creo fue un gesto de generosidad de su parte, pero no se dio cuenta que eso es complicado por dos grandes motivos: soy guionista en Chile y mi comentario podría ser leído por algún involucrado (además de perderme alguna pega mi conflicto interno es querer agradarle a todo el mundo) y además nunca he visto más de un capítulo de una serie nacional (incluidas las que he escrito yo porque el traspaso de la imaginación del guionista al producto final siempre es traumático). Sé que como crítico soy patético porque parto pidiendo disculpas, pero quiero aclarar a los involucrados, si alguno tiene tiempo o ganas de leer esto, que no tengo nada personal contra ellos y que mi análisis es lo más técnico posible y que no involucra el subjetivo “gusto personal”.
Asumiendo mi cesantía de verano e intentando superar mi conflicto interno me armé de valor y vi el piloto del primer sitcom producido por TVN “Ala Chilena”, que trata sobre la tripulación de un avión y está ambientada en… un avión. El primer punto que quiero tratar es que no logré identificar la premisa de la serie, es decir de qué se trata en profundidad. “Friends” es sobre la amistad, “Two and a half man” sobre la familia, “The Office” sobre la pega, pero “Ala Chilena” parece ser todo y nada al mismo tiempo. Alguien podría pensar que da lo mismo de qué se trata la serie “en profundidad” y que es una siutiquería, pero esos valores y el conflicto que se da alrededor de ellos es lo que determina todo el resto de los elementos de una serie.
Los personajes son el staff de un avión (reducido al mínimo por asuntos de formato y producción: el piloto, el segundo a bordo, la jefa de equipo, el sobrecargo y la azafata) y otra de las cosas que creo no están logradas es el contraste entre ellos y, sobretodo, la mantención de sus características durante el capítulo. Aunque son distintos, hay momentos en que sus caracterizaciones se intercambian y la que era la seria y profesional jefa de equipo, le hace un sándwich con forma de corazón al piloto mientras canta voz en cuello un éxito romántico de emisora AM de los 80. Esto también puede parecer una tontera, pero el contraste entre los personajes y la mantención y explotación de sus caracterizaciones son lo que le da el valor a un sitcom: es difícil recordar una trama de “Friends”, por ejemplo, pero todos los que la vimos sabemos más o menos cómo reaccionaría cada uno de ellos frente a una situación determinada. La comedia se fundamenta en reírse de los defectos de los personajes y aquí, a pesar de que hay esbozos de muchos, no logré identificar uno que fuera el dominante en cada personaje y que sirviera de fuente de risas y, sobretodo, de conflicto.
Aquí paso a un apartado relacionado, pero distinto, que son las tramas o historias que se desarrollan en el capítulo. En este episodio la más importante parece ser la del piloto, que pierde su anillo de matrimonio y está aterrado porque su mujer lo eche de la casa, aunque la jefa de personal divorciada y poco agraciada está feliz porque es su oportunidad de conquistarlo. La trama, al inicio contada desde el punto de vista del piloto, en algún momento cambia a la jefa de personal enamorada, lo cual es raro y desvía la empatía del espectador, pero lo más grave es que ninguno de los dos (planteados como el eje en conflicto) hace mucho por lograr lo que quiere (salvo una escena en que el piloto sale de la cabina a revisar las manos a los pasajeros no pasa mucho más). Aquí también hay otra cosa que cojea y es que, en un sitcom, los conflictos son generados y agravados por los defectos de los personajes (ejemplo de “Seinfeld”: un hipocondríaco y avaro cree tener un ataque al corazón, pero resulta no tener eso y tener algo más por lo que debe gastar miles de dólares, por lo que decide ir a un curador holístico mula que le provoca algo peor y al final debe pagar por ambas cosas) pero en “Ala Chilena” los conflictos vienen del mundo exterior, quizás justamente porque estos defectos de cada uno de sus personajes no están claros y explotados dramatúrgicamente.
Podría seguir, pero se me acaban las (mi editora cortó lo que seguía), pero en resumen creo que, existiendo hoy el cable y otras fuentes informales para ver sitcoms, “Ala Chilena” no está mal (debo reconocer que sonreí internamente con algunos chistes y eso ya no me pasa ni con “Los Simpsons”), pero necesita estar mucho mejor para competir con ellas y ganarse un espacio en los corazones de los espectadores. “Los Venegas”, cancelada hace poco por TVN, lo hizo desde hace más de veinte años atrás, pero hoy el mundo ha cambiado y “The Chilean Way” ya no basta.



