El Cine Chileno o por qué aún no nos ganamos un Oscar

Empezó la temporada de los premios. Empiezan a sonar los nombres de los favoritos para los Oscar, y acá, en este pequeño país al fin del mundo, los nombres de las películas que podrían representarnos, empiezan a sonar. El año pasado, Argentina se llevó el galardón, lo que ha llenado de esperanzas a nuestros cinéfilos. Qué pena pensar que son re pocas las películas chilenas que de verdad podrían si quiera darnos la esperanza… por no decir que no hay casi ninguna.

Por Gaby Wood.

Es triste pensar que “La vida de los peces” o “Post Mortem” son nuestras únicas posibilidades. “La vida de los peces” es una linda película,  pero no tiene el peso que tienen las otras millones películas extranjeras que compiten en los Oscar. Ni hablar de “Post Mortem”, la historia del hombre más aburrido del mundo que trabaja en la morgue en el año… sí, adivinaron, en el 73. El Golpe y la dictadura es “el tema” de nuestro cine.

Mucha gente dice que deberían dejar de escribir historias de la dictadura, pero si se piensa bien, hace 60 años que el cine cuenta historias del Holocausto y nadie está cansado de verlas. El factor es importante que, aunque todas son ambientadas en el Holocausto, son diferentes historias, creativas; diferentes formas de contar lo mismo.

Yo no sé cómo lo hacen acá para terminar contando lo mismo, pero de la misma manera, en sets oscuros y diálogos poco reales, lentos, crípticos.  Y lo peor, es que todos creen que son originales, que son dignos de competir con el cine francés, ése al que tanto aspiran parecerse. Pues les daré una noticia: al público chileno no le gusta el cine francés. Es fome, lento. Enredado. Sin luz en las escenas.

La verdad es que nosotros, como país, tenemos una identidad muy poco definida, pero hay algo que no somos, ser intelectuales afrancesados. Y si no quieren ser intelectuales, se van al otro extremo y las pelis se vuelven pura cama, pechugas, tallas sin sentido y garabatos. Comercial hasta la masas. Pero las masas chabacanas. Como la serie Infieles, pero llevada al cine. Lo que pasa es que nos hace falta mirarnos como chilenos y dejar bien puesto nuestro nombre en nuestras historias, como lo hacen los argentinos.

Porque,  ¿qué tienen mejor que nosotros esos “malditos” argentinos? ¿Ah?

De minuto, lo tienen todo: mejores actores, mejores guiones, mejores directores, dos  Oscars. Pero sus películas no están plagadas de su dictadura, o sí, pero con talento.  Están plagadas de historias de gente. Sus directores no pretenden ser franceses ni alternativos, ni gringos; pretenden ser argentinos. Acá se confunde cine político, con cine de calidad. No es lo mismo. A veces se juntan y a veces no.  Nadie podría decir que “Dawson: Isla 10” podía hacer mejor competencia que “La Nana” para el Oscar del 2010, porque “Isla Dawson” no representa ni un poco a Chile, ni siquiera representó bien la historia que tenía que contar, pero eso es tema para otra columna.

Estúpidos argentinos y su súper capacidad de hacer buen cine. Estúpidos chilenos y su incapacidad de usar lo que tenemos. De veinte películas chilenas que se estrenan al año, sólo dos valen la pena y por eso no crecemos como industria. Como guionista, creo que podemos ser mejores que todos. Tenemos desierto, tenemos ríos, tenemos árboles, ciudades, buenos directores, las mejores cámaras, los mejores directores de foto, los mejores guionistas, los mejores actores.  Y una gran historia.

Sólo nos falta dejar de pretender ser algo que no somos. No somos franceses. Escucharnos a nosotros mismos y no a los galos con su idioma siempre romántico  y sus películas lentas. Somos más que Allende y Pinochet, más que un pueblo sin identidad que mira a otro. Podemos tener una cartelera de cine chileno en el que la gente quiera gastar su plata. Podemos ganarnos un Oscar.