Por CGA.
Por el corazón o la verga es una apuesta arriesgada de Chancacazo ediciones, publicada en mayo de este año. A través de un discurso traumático y gozoso, Nibaldo Acero exterioriza toda la mierda que en la mayoría de los escritos poéticos se edita. Es un poemario que intenta ser un orgasmo literario, un libro con ganas de enmierdar, pero también de gozar. Desde el título mismo (que remeda nuestros emblemas patrios), el autor propone un nuevo país: más aguerrido y festivo, un país en cueros, a un paso del caos espiritual.En este libro, el poeta, ebrio por un espacio auténtico, liberado, bracea en el naufragio de la perversidad histórica donde toda la maldad tiene su asiento. Ya es poco denunciar, denostar, enlodar, el poeta está vivo, es un nuevo Prometeo lanzado al Cáucaso del siglo XXI, pero al que no se le puede prohibir gritar, maldecir, excrementar a los que, en nombre de la verdad, la justicia, la religión, y los respetos practican toda suerte de injusticia, mentiras y perversiones. Todo ello en nombre los derechos humanos, todo ello en nombre de la democracia, todo ello en nombre de Dios.
Bracea este poeta, porque no ha perdido el espacio de los sueños, porque apetece la inocencia de los niños, la salvación por un mito posible. Las verdades son liberadas dentro de un centro de rehabilitación, son liberadas luego de ver el noticiario, son liberadas luego de una borrachera épica, que son algunos de los paisajes abordados por estos versos.
El sexo opera en este poemario como un despertador, un signo del “aún es posible”, hay playa y merece luchar por ella. El sexo es infernal amparo, el sexo es solidaridad, es amor a la humanidad. En el momento del orgasmo, el universo se hace venturoso, y todo el mundo perverso que se vive pasa a un tercer plano. El sexo es la humanidad reconciliada, que en el placer, cree que es posible hacer de la sociedad, más aun de la vida, un orgasmo eterno.
La poesía no es dolor, el arte no es dolor, guerra pueden ser, pero si duda hay una épica hedonista, donde la perversión no es parte del sexo, sino del poder. Es el poder quien nos hace bestias, el sexo y la poesía nos hace hermanos, nos hace buenos seres humanos.
El texto del mundo del siglo XXI, manchado como el papel confort, se hace texto poético, un texto que se rompe, cruje, babea, huele a mierda, de acuerdo al otro texto del siglo XXI: éste que se siente bien aunque esté sumergido en un pozo negro.
El poeta crea más lírica de pozo negro, acorde al mundo en que vive, pero no pierde la esperanza, el sexo le dice que es posible la salvación humana, y el sublime placer es el paraíso de Dante.
Son 64 páginas a veces difíciles, otras imposibles, pero siempre frescas de bienaventuranzas voluptuosas y comprometidas. Son páginas que no pasan inadvertidas.
No es poesía de denuncia, es poesía de testimonio; poesía excremento tirado a la cara, para que los yesman sientan que huelen mal, y que deben comprar otro desodorante: el del sexo-virtud, sexo-felicidad; sexo-amor; el de sexo-dios. Es un texto que eyacula a favor de la humanidad.


