Por Tania Tamayo. Fotografía: Lula Almeyda.
A muy pocos extrañó que, en la repartija de ministerios y cargos públicos significativos del actual gobierno, fuera la UDI el partido más interesado en ocupar aquellos nichos relacionados con la Educación. Y eso ocurrió no sólo por la impronta valórica conservadora que evidentemente pretenden imprimir en ella, sino porque hace muchos años que encontraron en esta área un camino óptimo para propagar sus visiones. Qué mejor que adoctrinar desde pequeños, antes que el árbol esté torcido.
Sólo hace unos días conversé con un padre que estaba extrañado porque su hijo (alumno de colegio Opus Dei) no tenía Música ni Arte dentro de sus ramos, como sí ocurre en los colegios similares para mujeres. Sólo tenía Historia de la Música e Historia del Arte. Probablemente el arte en todas sus formas no es disciplina de “hombres” para aquella prelatura. Memorice, pero no sienta.
Lo que sí se asegura ahí es, entre otras cosas, un buen puntaje en la PSU y buenas redes que permitan optar a un buen trabajo y a una vida exitosa. Como es de prever, no ocurre lo mismo en los colegios municipalizados administrados por alcaldías dirigidas por la UDI.
En medio de ese escenario, el actual Ministro de Educación, Joaquín Lavín (numerario Opus Dei), llega a dictar cátedra de liderazgo y eficiencia en dicha cartera, pese a sus magros resultados como alcalde de Santiago, donde según acusaciones dejó un déficit de cinco mil 220 millones de pesos y registró avances nulos cuando dirigía el destino de los 50 colegios dependientes de ese municipio.
Y hoy, junto con encabezar el despido de cerca de 500 funcionarios del Ministerio, nos trae una gran solución ante los magros resultados del Simce: regalos para los colegios que hayan obtenido resultados superiores a la media. ¡Alégrense! A través de un sistema de puntos, al igual que en los supermercados y grandes tiendas, los colegios podrán canjear diversos adminículos, especies y tecnología como MP3, notebooks y cámaras fotográficas.
Cabe destacar, que como una cita a su propia trayectoria -o un remake de su propio populismo de antiguos botones de pánico, aviones que intentaban hacer llover y playas en pleno Santiago-, el Ministro entregará también disfraces, narices de payaso, sombreros de magos y dos películas (únicas en la lista): “Danzas de Chile. Danza en la Isla de Pascua” y “¿Cómo decirle no al alcohol y la droga?”.
Esta medida no sólo recuerda las movidas comunicacionales a las que nos tenía acostumbrado el ex alcalde. También da cuenta de que el ex candidato presidencial no pretende revertir la segregación que reina en la educación chilena ¿Por qué digo esto? Simplemente porque no habrá incentivos para aquellos colegios con alumnos vulnerables aunque hayan subido su promedio, ya que muy probablemente seguirán bajo la media. Es decir, no merece premio el esfuerzo de esos establecimientos.
Y como si eso fuera poco, estos mismos colegios verán como prontamente partirán los pocos alumnos aventajados de sus aulas a los publicitados 50 establecimientos de excelencia, una medida que en el papel suena bien, pero que según los expertos, aumentará las brechas crónicas de la educación chilena.
Cabe preguntarse si, en definitiva, será ése el camino definitivo de nuestra alicaída educación. Por ahora, todo calza perfecto con la imagen que nos dejó Lavín como alcalde y el diagnóstico es lapidario: escasean las soluciones de fondo y la excelencia prometida por el Presidente Piñera en la formación de nuestros niños no pasa de ser un bonito eslogan.



